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Cuesta acordarse de una Copa América donde tantos equipos tuvieran opciones reales de llevarse el título. A la candidatura eterna de Brasil y Argentina, reforzada en esta edición por el estado de forma con el que acudían sus principales estrellas Neymar y Messi (aunque, y al final se vio, con el handicap de la dirección de 'Dunga' y Martino) se unía Chile, no sólo por ejercer de anfitrión, sino también por seguramente haber juntado a la mejor generación de su historia, Colombia con el ánimo de dar continuidad al equipo que tan buen papel dejó en Brasil hace un año, con el Uruguay más allá de la baja de Luis Suárez y hasta había quien no se fiaba de una sorpresa viendo el buen trabajo de Gareca con Perú y de la solidez habitual de Paraguay en los últimos torneos. 

Con esto, una Copa América de increíble poder de atracción y que, como tantas veces ocurre cuando las expectativas son altas, ha costado encontrar partidos que reúnan todos los condicionantes positivos para que la tensión competitiva sea parte del camino como estimulante y no patrón de juego que marque la cohibición del talento.
Hubo que esperar a una altura importante de la competición para que los llamados a 'romperla' en el torneo dieran motivos de su condición, aunque mientras tanto, actores secundarios dejaron el pabellón alto como teloneros de lo que debía venir.
En este apartado de individualidades Neymar y Alexis empezaron francamente bien, pero el brasileño  pagó cara su falta de serenidad y el chileno acabó totalmente incrustado en el sistema de su equipo sacrificando su brillo como solista en pos de ser una solución como finalizado (llamativo viendo que fue usado como referencia en el ataque).
Valdivia, Guerrero, Ospina, Tévez, Rondón... jugadores de alto nivel que tuvieron su momento a la espera de que Messi cumpliera el pronóstico de condicionar la victoria del equipo que lo alinea.



Y quizás con cierto aroma a la etapa de Sabella, Martino tenía trazado un plan no malo del todo pero donde la activación de espacios y la generación de situaciones en ventaja para Messi era donde se debía marcar la diferencia en un torneo tan igualado. Como le pasó a su antecesor  y como muchos aficionados del Barcelona recordaron, Martino volvió a quedarse corto a la hora de sacar lo mejor de Messi. La ambición del diez rosarino se encargó de dar fluidez al ataque de su equipo pero cuando uno escribe de un goleador de inagotables recursos, sabe a poco verle 'sólo' asistir a sus compañeros. Como hace un año en el Mundial, Messi fue muy bueno, pero no llegó  a su nivel de determinación 'habitual' (qué duro que se hace exigir la divinidad cada partido).

Chile, por su parte, tuvo un camino más cómodo. Tanto fue que se hacía como extraño no imaginarlos como finalistas. Y quizás tenía tanta fuerza esa idea que el propio equipo se encargó de complicarse el camino de los modos más raros posibles: el accidente de tráfico de Vidal, el dedo examinador de Jara, la facilidad para superar la línea del juego físico por momentos... Parecía que nos quería hacer hablar de La Roja por cualquier otro motivo que por su fútbol. 
Sampaoli no sólo ha sabido dar continuidad a la forma de jugar con la que Bielsa llevó a Chile de nuevo a la primera línea del fútbol sudamericano, sino que también ha sabido dar soluciones a los problemas con los que se fue encontrando: metió centrocampistas en la defensa para dar la vuelta a la carencia de centrales de primer nivel por una posesión más extrema desde la base, exprimió al máximo a sus hombres de banda dándoles todo el carril y sin killers al uso, apostó por atacantes móviles y con facilidad tanto para generar espacios como para atacarlos. 
Bien este torneo ha costado ver la mejor versión de Chile, pero ha sido campeón merecido por regularidad, propuesta y eficacia. No rompió la maldición en sus duelos directos contra Argentina en esta gran final, pero por fin logró levantar un título.



Hace unos pocos minutos el Barça se imponía a la Juventus en la final de la Champions de este año. La cuarta Champions para Messi, Iniesta y Xavi, los últimos minutos como azulgrana de este último y la sensación de que el equipo de Luis Enrique fue mejor en términos globales pero también que la Juve compitió bien y puso en apuros al cuadro culé hasta que Suárez hizo el 1-2. A modo casi de telegrama, quiero compartir cinco de los motivos por los que la Champions viajará a Barcelona en las próximas horas.

Gol tempranero: Es una máxima que de tanto que se ha repetido parece haber perdido su trascendencia, pero hoy más que nunca apareció para recordar de su peso en los partidos. El gol de Rakitic a los tres minutos retrasó la aparición de la Juve en el partido unos veinte minutos. Durante ese tiempo el equipo de Allegri no conseguiá robar balones en zonas relevantes y a duras penas lograba posesiones que desactivaran la circulación más o menos peligrosa del Barça. Sólo cuando encontraba a Morata en las espaldas de los laterales generaba problemas. Una vez se levantó de ese 'directo a la mandíbula' se igualaron las fuerzas.


Iniesta: el partido del manchego fue fantástico (MVP de la final). Aparecía para elaborar la salida si su equipo recuperaba muy abajo y parecía que su posición era la referencia para las de Busquets y Rakitic. El desgaste y lo justo que llegaba ala final, unido al altísimo ritmo que imprimió la Vechia Signora en el segundo tiempo le exigieron demasiado pero dejando su sitio a Xavi, cambió el registro para que el Barcelona no dominará con el balón de una forma clara, como podía esperarse, sino que comenzó a encontrar contraataques para preocupar a la Juve y su presión alta. Mientras estuvo fino, Iniesta marcó el ritmo.




Ambición mal desarrollada: La salida en el segundo periodo de la Juve fue buenísimo. Subió mucho la presión y comenzó a robar balones en zonas desde las que no era tan complicado crear ocasiones (así llegó el empate de Morata) y borró la pobre imagen que Vidal dio en el primer tiempo acabando de cerrar el centro del campo. En superioridad en el medio, el Barça encontró su papel en el centro del campo usándolo como medio de transición y no como sala de elaboración. Es sorprendente que la Juve estuviera a punto de ganarle la Champions al Barça por ser mejor en el medio.
Cuando vio por donde se le podía ir el partido Allegri metió a Llorente y metió en el área a Pogba para buscarles como rematadores o como activadores de los llegadores, pero no acabo de completar ese plan y partió a su equipo, justo lo que facilitó las numerosas contras culés.

La MSN: Había expectación por ver a Messi, Suárez y Neymar juntos en la final de Champions después de como acababan el curso doméstico. No defraudaron. El brasileño se llevó el gol postrero, pero fue un incordio para la defensa bianconera apareciendo siempre en el peor lugar y contando además con las ayudas de Alba. Suárez hizo otro de esos partidos que tanto ayudan a sus compañeros y, encima, contó con la astucia para cazar el 1-2 que cambio la dinámica de su equipo. Y luego Messi. Dijo Chiellini en la previa que en Italia no haría goles como el que hizo ante el Athletic en Copa, lo cierto es que lo intentó y no le salió pero jugó de una forma tan exagerada como extremo a pierna cambiada si no que apareció mucho por la zona interior, dejando la banda a Alves y alternando con precisión para no molestarse con Rakitic. Su impacto en el partido, esta vez, no fue con goles, pero tan decisivo como si hubiera sido así.

El sistema de ayudas funcionó: se habló en la previa de los partidos del Barça ante el Malags (dos partidos donde el Barça no marcó). La clave en aquellos días fue como el Málaga tapo el carril central con un 4-4-2 de libro y evitó verse superado cuando el Barça buscó entrar por fuera. Allegri armó algo similar pero falló en cuanto se vio lo suficientemente fresco como para buscar el partido. Y  de aquí volvemos al punto 3.

Con todo el Barça cierra una temporada histórica ganando todo en lo que participó y, lo más llamativo, 'sufriendo sólo' en el último partido del torneo habiendo jugado siempre contra un campeón de Liga.
Mientras muchos en Can Barça se aferran con extremada entrega a un libro de estilo, el propio equipo y su cuerpo técnico genera las soluciones que hacen evolucionar desde ese estilo a otro igualmente de válido en estética y resultado.

Bonus tracks

- Buffon: mantuvo a su equipo en el partido en los peores momentos con paradas de nivel.
- Dani Alves: guste o no el Barça no encontrará un lateral que se amolde tanto a su juego y a Messi
- Tévez: discreta aportación la del atacante más determinante de la Juve
- Las contras tras los córners de la Juve: hasta en tres ocasiones se presentó el Barça en 5 para 3

 
Dicen que las finales no se juegan, se ganan. Debajo de esa sentencia no se esconde un resultadismo extremo, sino que comprime la cantidad de tensión y ansiedad que no sólo jugadores, sino también aficionados de los participantes en el, siempre, partido más importante de la temporada, viven hasta conocer el desenlace. La ilusión por la victoria, el temor por la derrota marcan la previa y sólo tras el paso del tiempo podemos recordar esos partidos más allá de por el mal rato que se pasó durante.

Con el ánimo de hacer un previa entretenida para la final que se disputa mañana entre el Barcelona y la Juventus (si hay tiempo escribiré algo más detallado al respecto) me atrevo a elegir las cinco finales que reúnen los elementos como para ser recordadas siempre entre los aficionados más allá de que sus equipos participaran en ellas, ganando o no, y de la huella que dejan en la, si me lo permitís, la mejor competición del mundo.
Un top5 muy personal, tanto como debatible a través de los comentarios. Vamos con ellas.



5.- Final 2004 Oporto 3 - Mónaco 0

Personalmente no podía dejar de incluir una final, digamos, underground en esta clasificación. No sólo por simbolizar ese halo de esperanza para los participantes fuera de la creme de la creme del Viejo Continente, sino porque ambos equipos, a lo largo de su camino, dejaron una fantástica demostración de juego colectivo y de eficacia ante rivales con muchos más recursos.
Dado Prso, Maniche, Ludovic Giuly, 'Deco', Patrice Evra o Ricardo Carvalho. Algunos de los jugadores que encontraron en esa edición de la Champions un trampolín para su carrera después de destacar de sobre manera.

La final no fue tan igualada como se esperaba. José Mourinho, por aquel entonces un proyecto de lo que es hoy en día, seguramente firmó la final con más influencia desde el banquillo de los tiempos modernos. Los dos goles en el segundo tiempo, a la contra, castigando con dureza las pérdidas del Mónaco bien se le podrían haber atribuido al actual entrenador del Chelsea.


4.- Final 1998  Real Madrid 1 - Juventus 0 

Más de treinta años tardó el Madrid en en volver a levantar el trofeo más relevante de Europa. De hecho durante este tiempo la competición había cambiado tanto que poco que tenía que ver con la que ganó en sus cinco primeras ediciones. 'La Séptima' (la primera para un gran número de generaciones merengues) puso la primera piedra en la vuelta del equipo blanco a la gloria europea consiguiendo dos títulos más en los cuatro años siguientes.

Su rival, la Juve, venía de un ciclo brillante en Europa con tres finales de Champions consecutivas y se presentó como un durísimo rival amparados bajo el talento de Zidane y Del Piero y escudado por una serie de gregarios de primer nivel.
La ansiedad atenazó a un Madrid que tuvo en Pedja Mijatovic a su héroe goleador, pero que también asentó a la base del equipo que volvería a reinar años después: Raúl, Roberto Carlos, Hierro, Guti...


3.- Final 1994 AC Milan 4 - FC Barcelona 0 

La final de Atenas ha sido hasta ahora la de mayor diferencia en el resultado tras los noventa minutos de la historia del torneo. Y no sólo merece la pena recordar este partido por ese aspecto sino también porque semanas antes el Milan no parecía tener tantas opciones ante un Barcelona que había alcanzado el tope de la etapa de Cruyff con un Romario y un Stoichkov pletóricos frente a las bajas con las que acudía el equipo de Capello, sobre todo atrás sin Baresi ni Costacurta, pero también sin el talento de Boban.

Ahogar el centro del campo y ser muy contundentes en las dos áreas fueran la rúbrica del Milan post Sacchi para frenar primero y humillar después a uno de los mejores equipos de la primera mitad de los 90. Tal fue el impacto de la derrota para el Barça que supuso el fin de una buena parte de la plantilla que había dominado el fútbol español durante el inicio de aquella década.


2.- Final 2005 Liverpool 3 - AC Milan 3

Una de las remontadas más impresionantes en la historia del fútbol se pudo ver en esta final. Al descanso, con el 0-3 favorable al Milan, todo parecía preparado para que el trofeo viajara a Italia y acabar con el sueño red, que encontraba en Europa la gloria que no le da la Premier. Pero tras una segunda parte de ensueño el equipo de Rafa Benítez se quitó el yugo rossonero y comenzó a imponer su juego a partir de Xabi Alonso y Steven Gerrard. Jerzy Dudek puso su grano de arena con su particular homenaje a Bruce Groobellar durante la tanda de penalties de desempate acabando de minar la moral de unos milanistas que perdían un partido de una forma increíble.

Aquella victoria, no tuvo una continuidad en el peso del equipo inglés en la competición y tampoco le ayudó a romper su maldición doméstica, lo que convirtió a los participantes en aquella final en auténticos mitos para la grada de Anfield.


1.- Final 1999 Manchester United 2 - Bayern Munich 1

Un partido terriblemente igualado y competido que, como tantas finales, parecía decidirse por detalles (el pícaro lanzamiento de falta de Bassler para adelantar al Bayern) pero que premió la insistencia medida del equipo de Ferguson con dos goles en el descuento tras dos saques de esquina casi consecutivos. Un final tan dramático que casi las imágenes de los jugadores del equipo bávaro tras el segundo gol, siendo levantados por Collina, sin fuerzas ni ánimos para acabar el partido tuvieron más impacto que las de las celebraciones de los ingleses.

El título fue la consagración en la historia del fútbol de Alex Ferguson, de sus 'babes' y el primer triplete para el fútbol inglés (segundo para el británico), el primero en el fútbol europeo después de once años del anterior (PSV) y diez antes de que el Barcelona de Guardiola tomara el relevo.




La pregunta, después de este breve repaso, está clara ¿nos dejará la final de mañana algún hito para ser recordada para siempre?



 
El pitido final que retumbó en Riazor el pasado domingo desató una serie de sensaciones realmente extrañas: El Levante inició una celebración a pesar de haber perdido 2-0 puesto que otros resultados certificaban el logro de su objetivo mientras que el Depor parecía haber cogido algo de aire, quizás más esperanzado en ver cómo su próximo rival no se jugará nada y que con ello podría tener alguna oportunidad de sumar más puntos. La reacción de los aficionados granotas, que es a lo que viene esto, se sumó a la celebración: se iniciará un sexto curso en la élite del fútbol nacional después de haber sufrido mucho más que en los últimos cuatro anteriores. Pero cabe, ahora en frío, ser algo más analítico y, a la postre, exigente.

Desde que se instauró en la Liga los tres puntos por victoria hace diecinueve temporadas sólo en cuatro ocasiones (Celta 37 ptos en 2013; Málaga 37 ptos en 2010; Mallorca 39 ptos en 2005; Compostela 34 ptos en 1996) un equipo ha logrado la permanencia con menos de cuarenta puntos. Con este dato, se podría decir que la salvación del Levante con 36 puntos (más el intranscendente sumado ayer serían 37) tras 37 jornadas (!) es milagrosa, pero viene a reforzar una idea que desde la grada del Ciutat, los que, si me permitís la posible falta de molestia, hemos visto de todo en el fútbol, sabíamos que si el equipo azulgrana se iba a salvar este año es porque había tres o hasta más equipos que hacían un peor fútbol que él. Claro que esta sentencia se reforzó tras la salida de Mendilíbar.


A las pocas sesiones con Lucas Alcaraz la imagen del equipo cambió de manera positiva. Algo más tardaron en llegar la suma de puntos (hasta nueve partidos sin ganar llegó a acumular el equipo a principios de año) pero la tendencia de juego unida a la caída de otros equipos hacía más tangible la sensación de que el equipo se podía mantener.

Quizás lo que más atractivo ha resultado del curso para el Levante ha sido la versatilidad o, tal vez mejor dicho, la evolución del esquema conforme el técnico iba incorporando a los jugadores que mejor han ido trabajando con él. Se pasó del 4-2-3-1 al 5-3-2 con parada intermedia en el 4-4-2 y fue,  curiosamente cuando más defensas acumuló en teoría cuando mejor supo atacar. Los laterales largos dieron al equipo una profundidad que había echado en falta durante gran parte de la temporada y eso de lo que tanto hemos hablado de 'ser como un acordeón', abrirse mucho cuando se tiene el balón para atacar y juntarse cuando se pierde y ahí que defender, funcionó realmente bien.

En el apartado de nombres propios, algo desagradable de tratar pero justo a la hora de hacer una valoración, es imposible no empezar por el de David Barral. El gaditano no es futbolista de mi agrado pero un año más, su aportación goleadora ha resultado clave (e histórica) para alcanzar el objetivo. Hasta que Alcaraz no comenzó a trabajar con dos puntas no pudimos ver los mejores partidos de Barral que pasó de regalar muchas carreras y mucha presión desordenada a correr y a jugar sin balón donde más daño hace: dentro del área. A partir de ahí comenzó a aparecer para remachar lo que se generaba detrás de él.
Pero el hombre de la temporada ha sido Morales. Llegó sin hacer ruido, y por su rendimiento y su capacidad de acoplarse con éxito a varias posiciones en el campo ha sido destacado y solución para el entrenador en tiempos de bajas relevantes. La sorpresa más positiva del año en el Ciutat.

Y no la única. Los asentamientos de Iván y de Camarasa en el once son parte del esperado rejuvenecimiento del equipo base y un claro corte de perfil para el equipo. Está claro que todavía les falta por pulir pero son una realidad y un mensaje al filial (pronto deben de llegar Jason y Pepelu). Un escalón por debajo de estos cantera están Casadesús, Ramis y Toño. Un rendimiento notable de estos tres jugadores sólo salpicado por la continuidad irregular (cada uno por diferentes motivos) en el once. Pero acaban de sentar una base para ir incorporando a nuevos compañeros.

Preocupante ha sido el asunto de la portería. Primero porque llegara quien llegase la alargadísima sombra de Navas iba a estar ahí, y después porque a nivel general ni Jesús ni Mariño han estado a la altura y, en el caso del gallego, han costado muchísimos goles evitables. 
También los centrales, más por la evidente cuesta abajo en sus dilatadas carreras, deben sentirse con una competencia más feroz de la que han tenido de cara a sumar en tensión competitiva.

Siempre que toca escribir del Levante lo hago con un fondo optimista que me para a la hora de pedir algún cambio radical. Como si se hiciera desde el perfil de un equipo ganador al que sólo hay que pulir un par de detalles. Pero la realidad (y la lógica) deben partir también desde ahí, desde el riesgo de llevar a cabo profundos cambios cada año pueden echar al traste el trabajo del curso que recién acba.



 
No sé si a vosotros os pasa eso de que ves un partido de Champions, de los de rondas de vértigo, ya sea Cuartos o Semis y pensáis 'este va a ser el campeón'. Algo así despertó el año pasado el huracán blanco que arrasó Munich. El Madrid goleando en su casa a su 'bestia negra' no sólo impactó por el resultado sino por la crueldad con la que castigó al Bayern de Guardiola a base de contraataques. El técnico catalán habló durante la previa y el post sobre la fantástica capacidad del equipo de Ancelotti para ser imparable cuando podía contragolpear. 

De aquel partido, hace más o menos un año, tanto él como los que seguimos esto del fútbol con más o menos interés, se escribió y se habló mucho para llegar a un fin común más allá de lo adornado del análisis: Guardiola planteó mal ese partido y hasta la eliminatoria entera. Permitió que el Madrid caricaturizara el estilo que con tino había aplicado en su primer año en Baviera permitiendo largas y poco profundas posesiones a las que el Madrid respondía con vertiginosas transiciones ante un equipo muy expuesto. Todo lo que pasó después ya se sabe.

De cara a un nuevo desafío otra vez en semifinales de la Champions, el torneo que debe medir el éxito o el 'cumplir con el expediente' para el Bayern, el azar o las bolas calientes quisieron que el ambicioso proyecto muniqués fuera calibrado por el otro gigante del fútbol mundial. Al contrario que el Madrid del curso pasado, enfrentarse al Barcelona no debía encararse en la dirección de mostrar debilidad a la hora de correr al perder el balón (uno de los mejores puntos de inicio de debate en la previa de este choque de titanes, el control del balón).
Pero quizás con lo que no contaba Guardiola era con que este Barça de Luis Enrique haya alcanzado su mejor versión no preocupándose tanto por el control exagerado de la pelota y sí por generar situaciones en las cuales puedan explotar las cualidades de su tridente de ataque. El nuevo técnico azulgrana deshizo el trabajo de su amigo Guardiola con Messi devolviéndolo a la banda derecha hace algunos meses y junto a la recuperación física del argentino, ha reinventado la forma en la que el 10 culé vuelve a ser determinante en los partidos. A veces durante noventa minutos, otras durante un periodo de tiempo menor, pero siempre determinante al fin y al cabo.


O tal vez Pep sí que esperaba algo así y por eso quiso presentar 'continuas nuevas preocupaciones' al que fue su equipo: primero cerró con tres y presionó en la zona de gestación local. Con las bajas no debía tener la seguridad de poder imponerse en los duelos individuales y optó porque no se produjeran de inicio y, si el balón llegaba a su campo, un trabajado sistema de ayudas debía minimizar el riesgo de verse 'rasgado' por fuera como previa al 'apuñalamiento' por dentro.
Pudo contener durante más o menos una hora al ataque más en forma del mundo, pero ese sistema de vigilancia exigía lo suficiente como para no poder organizar ataques. Tropezó con la misma piedra que un año antes, cambió tanto al equipo (si bien hay que contar con las importantes bajas de este año) que volvió a acumular posesiones sin profundidad.
Y luego apareció Messi con su brillante cuarto de hora final, el tiempo en el que por fin pudo correr, para inventarse dos goles y dar otro a Neymar, para subir al marcador un 3-0 que quizás no sea lo más acorde en cuanto al equilibrio que desprendió este encuentro durante gran parte de su desarrollo pero que volvió a confirmar lo peligroso del equipo catalán en cuanto a su capacidad de definir si detecta el más mínimo error en cuanto a espacios para maniobrar.

No querría acabar este pequeño análisis sin mentar a Ivan Rakitic primero, por su maleabilidad en el centro del campo como conector entre un vigilado anoche Busquets y el frente de ataque, pero también como factor de equilibrio a la hora de cubrir los espacios que descuida Messi cuando aprovecha, curiosamente, las propias situaciones que crea el croata con sus movimientos para que él las explote con sus conducciones. No ha rendido mal el ex sevillista, pero en las últimas semanas parece que ha encontrado un rol que le sienta como un guante, algo fácil cuando el jugador con el que tienes que adquirir automatismo es Leo Messi.
Y Dani Alves. Desde hace meses, el eterno debate en el Barça en cuanto a rendimiento, pero que guste o no, es tan determinante en la forma de jugar del Barcelona como lo han podido ser Xavi, Messi o Iniesta en los últimos años.

Pero lo mejor de todo no ocurrió anoche, que lo pasamos bien, es pensar que queda un partido de vuelta, una semana para Guardiola trabaje con un objetivo doble: voltear un resultado primero y desactivar de manera permanente un ataque que no parece atravesar sino su mejor momento físico y de acierto, justo cuando se deciden los títulos. Suena apasionante.



 
Se retiraba Fabiano con la mirada perdida cuando el árbitro con sus pitidos enviaba al Bayern y al Oporto a los vestuarios para que minutos después disputaran los segundos cuarenta y cinco minutos del partido que les enfrentaba por una plaza en la semifinales de la Champions. El portero brasileño había visto no sólo como el Bayern neutralizaba la ventaja que su equipo traía desde O Dragao, sino que también ponía tierra de por medio a la hora de pensar en 're-remontar'. Cinco goles en unos cuarenta minutos, una muestra de efectividad aplastante sobre el papel, pero que esconde (bueno, no mucho) una primera parte del equipo alemán en la que supo conjugar a la perfección el equilibrio entre la iniciativa con balón, el control del espacio y el acierto de cara a gol (contando con que Fabiano también paró y hasta algún palo se alió con él).

Venía Guardiola a este partido con un ambiente enrarecido si lo comparamos con la complacencia con la que vive en Bundesliga. La salida del jefe de su cuerpo médico tras más de tres década en el equipo, su lenguaje corporal para con él tras la derrota en Oporto, las bajas, preparaban un caldo de cultivo que distaba del que había vivido en cualquier previa antes de partido alguno como máximo responsable del primer equipo del campeón bávaro. 
Y quizás demostrando el poco peso de estos asuntos cuando se trata de hablar de fútbol, el técnico catalán preparó a conciencia un partido especial por la necesidad de no sólo ganar, sino de hacerlo con una diferencia de goles concreta. Su plan fue brillante durante el primer tiempo, el periodo donde cerró el partido y el cruce.



El Bayern salió esta vez con un 4-3-3 sobre la pizarra con Lahm como interior teórico y Thiago como pivote. Sobre el campo el capitán del Bayern se desempeñó muy abierto, ayudando a crear superioridades juntándose con 'Rafinha' y Müller, haciendo que el balón fluyera muy bien por la derecha. Por el otro costado Alonso no trabajó tan abierto, pero bastó con las subidas costantes de Bernat y el desequilibrio por fuera y por dentro de Götze para desgarrar al Oporto por ese costado. Tapando los costados había espacios suficiente por dentro para que Thiago dirigiera y marcara el ritmo.
La trampa la acabó de armar Lewandowski, como tantas veces a lo largo de este año, haciendo movimientos muy largos desde la bajada inicial para pivotar como la carrera posterior a ocupar un espacio de remate.
No fue malo el posicionamiento del Oporto pero fue rápidamente desactivado por Guardiola con cómo ocuparon el campo contrario.

Los minutos de descanso sirvieron para que Lopetegui y sus jugadores digirieran lo que les había pasado por encima durante la primera mitad y reconfigurar la disposición y la idea con la que salir de nuevo al Allianz. Ya a la medio hora modificó la banda que ocasionalmente ocupa Diego Reyes (central reconvertido a lateral por la ausencia de Danilo anoche) con la ayuda de un rejuvenecido Ricardo Quaresma. Pasó del 4-2-3-1 a un 3-1-4-2 que le permitió durante la recta final del encuentro hacer daño al Bayern cuando recuperaba el balón y aumentar considerablemente tanto la posesión del balón como la calidad de esas posesiónes. Hizo un gol y pudo hacer alguno más.
Personalmente, no recuerdo la última vez en la que vi caer 'tan bien' a un equipo por un resultado tan abultado.

El partido, de lo mejor que se ha visto en esta edición de la Champions, lo podéis ver íntegramente aquí.
Mientras tanto, el Bayern ha pasado en unos pocos días a ser, de nuevo, 'el coco' en esta Champions.




 
Uno de los nombres que sonaba con más fuerza de cara a convertirse en una de las novedades en la lista que Vicente Del Bosque dio para la doble fecha de partidos de la selección española era el de Vicente Iborra. Finalmente el centrocampista del Sevilla no fue incluido en la citación. Deberá esperar a una próxima oportunidad siempre y cuando su rendimiento no sufra un bajón. Porque el jugador valenciano está viviendo sus mejores meses como profesional después de una carrera donde su ubicación en el campo y su evolución en cuanto a aspectos tácticos y técnicos bien merece un texto en este blog.



Vicente Iborra aparece en el fútbol profesional como delantero en el Levante desahuciado que tiró de cantera para acabar la temporada 2007/2008. Con ello su asentamiento en el primer equipo grandota