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Se nos va la Eurocopa de Francia con la final que disputarán en unas horas la anfitriona y Portugal. Ha sido una Eurocopa divertida, en donde la ampliación de equipos participantes en la fase final lejos de 'igualar por bajo' los partidos ha servido para reforzar la idea de que así, realmente, se tornan más competitivas selecciones con menos recursos y tradición. Un éxito que acompaña algo similar visto en la Champions después de algunas de las reformas llevadas a cabo bajo el mandato de Platini en la UEFA (lo siento, tenía que contar esto en la previa).

Es de recibo decir también que ha sido una Eurocopa un tanto extraña en cuanto al rendimiento de jugadores de los que esperábamos mucho más, que nos han dejado muestras de lo que esperábamos de ellos más allá de momentos puntuales. Pogba, Müller, Busquets... tenía grandes expectativas con sus rendimientos en un torneo 'de transición' por diferentes motivos en sus equipos nacionales. Sin embargo, como pasa siempre, nuevos nombres se erigen como grandes triunfadores en la competición como el húngaro Nagy, el polaco Glik, el islandés Bjarnasson o el irlandés Hendrick.



Fiel a la tradición de otros grandes torneo en este blog, he querido armar mi once del torneo antes de que se dispute la final, para evitar que el ganador final condicione lo que he visto del torneo (entiendo que se pueda ver como una condicionante injusto, pero ya sabéis que esto está lejos de ser un mejor once absoluto y sí uno basado en mis preferencias tal y como veo el fútbol). Vamos allá.

Manuel Neuer (Alemania)
El mejor portero del mundo en la actualidad ha mantenido su nivel en la Eurocopa con 'buenas manos' en partidos poco exigentes en cuanto a volumen de trabajo y con su importante aportación en la construcción del fútbol de ataque de su equipo desde atrás.

Joshua Kimmich (Alemania)
El 'hombre para todo' de Löw ha actuado como teórico lateral derecho en buena parte de la Euro. No da la profundidad que sí da un lateral puro (un problema para el equipo en este torneo por su flanco) pero ha sido correcto en defensa y una gran solución para crear superioridades en posesión de balón.

Leo Bonucci (Italia)
Realmente cualquiera de los tres centrales de Italia podría figurar en este puesto, ya que han hecho un torneo de altísimo nivel, pero creo que Bonucci ha sido el que ha tenido un impacto en el juego y hasta con gol.

Pepe (Portugal)
Ha entendido a la perfección las alturas a las que debía defender el equipo ante rivales que en teoría les iban a complicar los partidos y ha estado perfecto en anticipación y juego aéreo. Concentrado es un central de élite.

Raphael Guerreiro (Portugal)
Una de las sorpresas del torneo. Lateral profundo, de esos que casi aporta más atacando que defendiendo (y eso que esto último no lo ha hecho nada mal). Capacidad para desbordar y correcto técnicamente. Un descubrimiento.

Toni Kroos (Alemania)
Altísimos porcentajes de pases acertados dentro de altísimos porcentajes de posesión de su equipo. Clave esta efectividad dentro del estilo de juego del equipo. Y todo esto tanto como primer centrocampista como descolgándose al compás de la posición del balón. Magistral.

Joe Allen (Gales)
Sin ser un prodigio técnico y muy bien escudado por Ramsey, ha dado sentido a las posesiones de Gales tratando de simplificar y dar velocidad cuando veía la oportunidad y el espacio. Un gran secundario en los mejores momentos de su equipo.

Renato Sanches (Portugal)
Estaba llamado a ser uno de los mejores jugadores jóvenes del torneo y ha cumplido. Entrando desde el banquillo hasta asentarse como clave en el medio ha sido un despliegue de 'morder' en el medio y de acudir como segunda línea con mucho criterio y peligro.

Antoine Griezmann (Francia)
Ha ido de menos, a más y 'mucho más' en el torneo. Como goleador y como solución a los atascos del equipo atacando. Finísimo de forma y con un amplio repertorio técnico para finalizar se debería llevar el premio al mejor jugador del torneo.

Gareth Bale (Gales)
Había una sospecha de que su nivel condicionaría las posibilidades de Gales de hacer algo en esta Eurocopa y llegar a semifinales bien confirma esa sospecha. Pero ya no cómo goleador como sucedió en la clasificación, también como canalizador del juego de ataque y sin problema para bajar a dar continuidad a posesiones y ayudar a defender.

Dimitri Payet (Francia)
Desborde, visión, gol. Ha aprovechado la ausencia de Benzema para encontrar su espacio y a partir de ahí ha sido decisivo cuando el equipo peor estuvo. Por dentro, arrancando desde la izquierda y conectando a la perfección con todo el que aparecía por su zona de influencia.

Quedan pocas horas para que arranque la gran fiesta del fútbol europeo, la fase final de la Eurocopa cerrará el curso futbolístico y el debut de la anfitriona centrará la atención dadas las expectativas generadas entorno a Les Bleus y sus opciones, fundamentadas, de alzarse con el trofeo.
La excelente generación de jugadores que ha juntado Deschamps y el hecho de jugar en casa, recuerda mucho a los escenarios que se presentaron en 1984 y en 1998, los capítulos más gloriosos (junto a la Euro de 2000) de la historia del fútbol galo.

Equipos multiculturales, sobre todo los dos últimos que campeonaron, que fueron puestos como ejemplos de concordia y de inclusión a través del deporte que han dado paso a episodios más desagradables como los vividos en Sudáfrica 2010 con el conato de motín a bordo o más recientemente el affaire entre Valbuena y Benzema que le ha costado el puesto a este último, como si Francia se viera lo suficientemente confiada para prescindir del delantero más completo que fuera a tomar parte en el torneo por asuntos ajenos a lo meramente futbolístico.
Las bajas de jóvenes llamados a dar un paso adelante en este torneo como Laporte o Zouma junto a veteranos ilustres que debían hacer un último servicio a la patria como Makelele (qué rol tan útil le había encontrado Deschamps en los últimos partidos antes de su lesión) han sido pequeños baches en su camino, pero que sus sustitutos tomarán como la oportunidad de sus carreras.


Francia es candidata, pero algo menos que hace unas semanas. Esto abre mucho el torneo para selecciones con tantos recursos como la local, pero que se habían mostrado irregulares hasta esta altura de torneo como Alemania o España. Hasta anima a incluir a equipos con más acotación de nombres, pero igual de resolutivos como Inglaterra o Portugal.

Como habréis advertido, todo alrededor de Francia en esta Eurocopa me genera sensaciones encontradas: los meses sin jugar con tensión competitiva contra la ventaja de poder usar fechas oficiales para asentar el sistema; las bajas por lesión por la aparición de jugadores 'inesperados'; la ansiedad por tener que demostrar en casa ante la ambición de un grupo liderados por un Pogba que llega fino...
Y ver cómo Deschamps dirige lo futbolístico y gestiona lo anímico. Ya lo vivió hace casi veinte años y no se puede decir que aquella experiencia fuera mala.

Pero ¿qué detalles futbolísticos tiene esta Francia? Uno de los más llamativos era la alineación de Malelele con los centrales para dar una salida aseada con cuatro receptores (laterales más dos centrocampistas). La lesión del jugador del OM da paso a Kanté, con la misma capacidad de corregir y tapar, pero del que hay que estar pendiente de si se encargará de esa faena o recaerá sobre Cabaye (o Sissoko) o si se alternaría entre Matuidi o Pogba. Encomendar a un interior esa faena restaría a Francia la llegada o la ocasional rotura de líneas que provocan con su conducción. Incluso restarían espacio de maniobra a Payet si decide participar más por dentro.
También es menester remarcar que sin Benzema, la figura del 9 es clara, sin las alternativas que daba el jugador del Madrid como 10 ocasional. Y bien que le ha gustado a Deschamps la idea contando con Gignac como recambio: rematadores de área, que fijen defensas rivales para habilitar a los compañeros que aparezcan.

Todo parece ya asentado en Francia, sólo nos queda ver sus caras en el estreno al escuchar La Marsellesa.


 
Pocas veces hemos podido ver una sombra tan alargada como la de Alex Ferguson en el deporte profesional de élite. La longeva y exitosa etapa del escocés al frente de uno, si no el que más, clubes más famosos del mundo dejó un nivel de exigencia que fue demasiado para un técnico que llegaba preparado y con ambición como David Moyes así como después para un perfil tan diferente como el de Louis Van Gaal. Ninguno de los dos consiguió encontrar un equilibrio entre propuesta, puesta en escena y resultados a pesar de contar con crédito entre aficionados y dirección así como con recursos económicos suficientes como para llevar a cabo cualquier pequeña revolución que acercase al equipo a lo que buscaban para lograr el éxito. 



La oficialidad de la llegada de José Mourinho al banquillo de Old Trafford añade un nuevo registro (será el cuarto entrenador -como mínimo, si la cosa va medio bien- en cuatro años tras la salida de Ferguson) al rol de entrenador en el United. Dijo Ed Woodward que 'es el mejor entrenador de fútbol en la actualidad' durante su presentación y razón no le falta, aunque, siendo francos, podría haber añadido el estado de 'disponible' a esa sentencia. Porque después de una temporada muy discreta (clasificación para Europa League y FA Cup) el proyecto Van Gaal no parecía tomar el camino hacia la recuperación del dominio en el fútbol inglés y era necesario apostar por ese perfil de entrenador: ambicioso, experimentado y, sin lugar a dudas, uno de los mejores estrategas que hay (y ha habido) en el fútbol moderno.

El caldo de cultivo en forma de jóvenes jugadores que ha dejado el entrenador neerlandés al que fuera su compañero en Barcelona para trabajar con ellos: Martial, Rashford, Lingard, Pereira... y hasta Depay (sí, amigos, yo creo que tiene potencial para brillar en el United de forma regular). Unido a que el fútbol Premier sea el que mejor se ajusta a la concepción del fútbol que tiene el entrenador portugués y a que, sin lugar a dudas, dispondrá de dinero para ir a por los jugadores que piense necesarios para potenciar al equipo, presenta, por tercer año consecutivo, al United como uno de los puntos de interés para el próximo curso.
Sin olvidar jugadores ya asentados en la élite como De Gea (si no se marcha), Rooney, Mata o, en un segundo nivel, el barómetro que es Carrick.

Pero seguramente lo que desde ayer ya se puede celebrar es el reencuentro entre Mourinho y Guardiola. Ya no sólo en el mismo torneo, sino que en la misma ciudad. Las cabezas pensantes de los mejores duelos futbolísticos (si quitamos todo el envoltorio mediático) que hemos vivido en este Siglo volverán a competir entre sí, donde esta vez el técnico catalán será el 'novato' en cuanto a no conocer en primera persona la naturaleza del fútbol británico ante el entrenador extranjero que mejor se ha adaptado a ella.

Sólo hay un punto en la trayectoria de Mourinho que me crea una duda ante la que me puede más el ansia de aclarar que el poder de razonar si puede ser verdad ¿Es José Mourinho un entrenador con el que el United pueda pensar a largo plazo (si es realmente lo que busca -le han firmado hasta 2020-)? Sus etapas tras salir de Porto han sido cortas, intensas y hasta conflictivas con entornos ajenos y propios ¿Construirá un United competitivo y ganador de una forma tan rápida como estable en el tiempo? Uno de los secretos de Ferguson fue saber acotar las estancias en el equipo de los jugadores que no iban a sumar, por el motivo que fuera, algo que Mourinho puede hacer, pero hasta ahora sus formas siempre han dotado de un tinte bélico este tipo de decisiones, acelerando la erosión de los grupos con los que ha trabajado, marcando una línea muy clara entre sus afines y los desafectos en el vestuario.

Sea como fuere, creo que todos estamos esperando ya a ver cómo configura a la plantilla con la que quiere trabajar y qué tipo de idea tiene para, una vez más, uno de los retos más importantes de su carrera.

 
La carrera de Guardiola como entrenador, por el impacto absoluto sin experiencia en la élite y por el ideario con el que ha ido trabajando, siempre tendrá su hueco en esta moribunda bitácora futbolera. Ha costado encontrar un pequeño hueco para dejar algunas impresiones sobre el anuncio de hace unos días de su próxima incorporación al Manchester City.


Es cierto que tampoco acudirá a la llamada de un equipo fuera de la élite y sin recursos, hasta lo hace a una institución que prácticamente le ofrecerá ilimitadas posibilidades de cumplir sus peticiones (en forma de fichajes) y en donde encima, parte de la gente que valorará su labor (a nivel interno) ya es gente con la que ha trabajado y con la que tiene una buena relación personal también.
Así, en este nuevo escenario, su reto deportivo, que es lo que realmente busca siempre el entrenador catalán, no debería tener distracciones externas.

Siguiendo con el capítulo de puntos que 'allanan' la llegada a un nuevo trabajo, no hay que dejar de tener en cuenta la faena de asimilación que ha llevado a cabo Manuel Pellegrini, un entrenador con quien tiene muchos puntos en común: quiere balón y que esas posesiones sean en campo contrario. A partir de ahí ya comienzan diferencias en las diferentes velocidades con la pelota y en cómo se mueve el equipo cuando lo pierde sin finalizar la jugada. Por pedir, hasta ha llevado ya algún título para el lado celeste de Manchester.
Pero lo que más interés genera es ver qué planes tiene Guardiola para con dos de los jugadores top5 de la Premier (Agüero y Silva) y dos que están llamados a serlo en no mucho tiempo (De Bruyne y Sterling).

Y es que si algo nos dejó rápidamente la vida como entrenador de Guardiola después de Barcelona es que no es hombre de libreta poco flexible. Había quien esperaba que Ribery o Robben 'heredaran' un rol de falso 9 con el que dio la pincelada maestra a su Barcelona, como si el rescate de esa posición se hubiera transformado en su marca personal como preparador, sin embargo, captando las necesidades del equipo y virtudes de los jugadores disponibles, su primer gran cambio de posición fue la de adelantar a Lahm al centro del campo aprovechando su lectura táctica.
Yo no sé vosotros, pero espero alguna maniobra de este tipo en el City, y no sólo de manera puntual, si no detectando algún valor positivo que a Pellegrini se le haya pasado por alto o que simplemente, no haya tenido necesidad de probar ante la posibilidades que le ha ofrecido siempre la plantilla citizen.

A partir de ahí, algo que no me disgusta pero sí que creo que puede distraer a la hora de tratar de imaginar qué tiene pensado el de Santpedor para esta nueva aventura, es tener que leer sobre peticiones de jugadores que hubiera hecho Guardiola al City para contar ya con los jugadores que creyera necesarios para este nuevo proyecto: Laporte, Gundogan, Messi (!), Marcelo...

Ya queda menos para comenzar a saber cómo será esta nueva etapa de Pep en un torneo con el que tantas veces se le ha relacionado.


 
Tras la sonada derrota intersemanal, la visita de Las Palmas a Barcelona se presentaba como un escenario con muchos ingredientes para que el equipo revirtiera la imagen vista en Balaídos y volviera a sumar de tres ante un rival que con una propuesta que busca protagonismo con balón y en campo contrario (siempre que pueda). El equipo de Luis Enrique cumplió con lo esperado, ganando 2-0 y no pasando muchos apuros atrás, algo que ha evidenciado en este inicio de curso. 

Pero la noticia del partido fue la lesión de Leo Messi. El argentino se retiró antes de los diez minutos del terreno de juego tras sufrir un fuerte esguince en su rodilla izquierda que, por lo que dicen, le mantendrá en el dique seco algo más de un mes. Desde ese minuto no sólo el público del Camp Nou sino que también su propio equipo entró en un estado de calma tensa a la espera de saber el alcance de la lesión de su líder y que, a su manera, imprime un carácter competitivo al equipo que hace marcar la diferencia.



A la espera de volver a ver al 10 culé de vuelta a la acción (¿para el partido contra el Madrid?) se abre en Can Barça un debate más que interesante sobre cómo reestructurá Luis Enrique el sistema de ataque azulgrana en donde Messi es la piedra angular y tantos movimientos están orquestados para crear espacios y situaciones ventajosas para que Leo obre con la menor cantidad de rivales a su alrededor. Basándonos en lo visto ante Las Palmas, no cabe duda de que la forma de atacar del Barça deberá cambiar aunque bien es cierto que el equipo introdujo ya de inicio algunas variantes que dieron buen rendimiento al equipo, como la ya 'habitual' de Sergi Roberto ocupando el carril derecho (el mejor del partid) y la posición de interior de Busquets, cambiando una salida limpia de balón por la posibilidad de robar el balón más cerca del área del rival.

Hoy Suárez cayó mucho a banda derecha buscando asociaciones con Munir, sustituto hoy de Messi y que cuajó un partido bueno participando en ambos goles, y con Sergi Roberto. Ese movimiento generaba un espacio que ni Rakitic ni Busquets, para mí, atacaron lo suficiente (Busquets lo hizo con claridad en la jugada del segundo tanto) y Neymar parecía algo desorientado sin la 'luz de faro' de su socio Messi. El brasileño, quien hoy hubiera debido demostrar su peso en el equipo tuvo participaciones fugaces, sin ocupar la zona libre que creaba Suárez pero tampoco sin ofrecer profundidad o desborde por esa zona. Tampoco Adriano ayudó mucho.

A partir de ahí, ¿qué puede probar el Barça hasta la vuelta de Leo? Tirando de casos similares, en donde no fueran las rotaciones las causantes de la 'rotura' del tridente culé, el de la sanción inicial de Suárez no supuso un cambio estructural del ataque culé, sólo de nombres. Suárez es un 9 hiperactivo que no permite una salida limpia de primeras al rival, pero no es Messi.
Sin Messi el Barcelona puede contar con una primera línea de presión, sí, pero pierde la conducción del argentino, su visión para las incorporaciones desde el flanco izquierdo y un buen puñado de goles. Así, resumiendo. Algo quizás más intangible es el poder de atracción de rivales, que facilita la ubicación no ya sólo del destinatario del paso, sino también al famoso 'tercer hombre' u 'hombre libre' en el juego de posición azulgrana.
Y luego en el apartado de lo mitológico, el 'temor deportivo' que siembra la figura de Messi ante sus rivales.



Si la opción de 'hombre por hombre' no convence a Luis Enrique, podemos asistir a un cambio entre el plan A y el B, donde el Barça pueda jugar muchos más minutos con un 4-1-4-1 tratando de asumir el impacto de la no participación de Messi creando superioridades + llegadas en la zona en la que elabora el 75% de su juego. Contar con cuatro centrales naturales puede liberar a Mascherano de su posición en el centro del campo como ocurrió hoy.
Claro que con Daniel Alves y su rol de interior defensivo el equipo podría mantener esas opciones de superioridad y mantener los automatismos que adquirió con Rakitic, algo que le falta aún a Sergi Roberto, que se puede antojar como una opción más local ante rivales que pudieran presentarse con una actitud más expectante en el Camp Nou.

Si el cuerpo técnico pudiere debatir entre un 4-3-3 y el 4-1-4-1, qué cantidad de debate crearía que se optare por un 4-2-3-1. Una opción posible por piezas pero complicada por la importancia de la asimetría vital para crear desajustes en las defensa rivales.

Vivir sin Leo Messi, algo que no hacía el Barça desde hace más o menos un par de años, en un tramo tan crítico de la temporada con la Champions recién estrenada y con una Liga en donde todavía no se han despegado los favoritos.





 
La jornada de selecciones que nos dejó sin fútbol de clubes durante el pasado fin de semana nos dejó la bonita efeméride del quincuagésimo gol de Rooney con la selección inglesa y, totalmente opacado por ello, un gol de Harry Kane. La gran revelación del curso pasado en el panorama europeo no ha comenzado con buen pie la presente campaña y su equipo lo estaba notando.

Fantástica excusa para que el partido de la sobremesa de hoy fuera el que enfrentaba al equipo de Kane y ver si daba continuidad a ese gol con Inglaterra, con el Sunderland, otro equipo que ha firmado un pobre inicio de campaña y que encontraba en este partido los suficientes alicientes como para encontrar en un rival con dudas un punto de inflexión para revertir la forma en la que ha sumado puntos hasta ahora.
Pero no fue el partido el más vistoso para el espectador. El Sunderland apretó al Tottenham a partir de un juego directo que buscaba a Defoe y una presión alta que le ayudó a recuperar el balón en situaciones que facilitaban los ataques.

Este escenario minimizó, una tarde más, la aportación de Harry Kane en el partido, viéndole alejarse muchos metros del área para entrar en contacto con el balón y no viendo más que camisetas blanquirrojas cuando recibía en posiciones más ventajosas para mostrar sus virtudes.
Y en medio de un partido gris, apareció la figura de Ryan Mason. El joven mediocentro internacional parecía el único jugador visitante que tenía claro qué debía hacer y qué requería el partido.

Mason estuvo atento a las espaldas de Walker y Davies a los costados, aparecía ofreciendo la salida fácil cuando el equipo quiso salir jugando y supo correr hacia atrás cuando su equipo no finalizaba jugada.
Durante la segunda parte continuó con esa tarea de cohesión del equipo y añadió al repertorio un bombardeo (?) de pases filtrados que comenzó a dejar entrever las fisuras en la defensa posicional del Sunderland a la par que animó a sus compañeros a llegar.
Un partido tan completo requería más presencia ofensiva para darle lustre. 



Con los cambios, Pochettino le ayudó a crecer en el partido: las dos bandas (y no sólo la izquierda con Alli) comenzaban a funcionar con la entrada de Townsend (Son buscaba más el carril central) y con Lamela encontró un socio en esa zona intermedia más despejada de rivales, encontrando más alternativas a la figura de Kane.
Cambios acertados que preparaban el partido para que se diera una jugada como la que significó el gol de la victoria: una incursión de Mason, una combinación con Lamela y una opción de ataque que no había contemplado el Sunderland en su sistema defensivo.

La guinda a un partido realmente completo que no sólo sirve para romper la mala dinámica de los Spurs en este inicio de Premier sino que también señala a Mason como un joven a seguir durante los próximos meses y ver si este nivel se mantiene si no gana más impacto en el juego.


Yo era uno de aquellos a los que no ilusionaba demasiado que fuera Allegri quien recogiera el testigo de Conte al frente de la Juventus. El trabajo del actual seleccionador en cuanto a construir con tanta velocidad un equipo que dominara el fútbol italiano con esa autoridad (bien que ayudaron las crisis de los que debían de ser sus competidores reales) debía tener continuidad o reflejo en competiciones europeas y pensaba que sería cuestión de tiempo que bajo la batuta de Conte lo lograsen. Un curso después no sólo mantuvo la solvencia en casa sino que plantó al equipo en la final de la Champions donde sólo la estelar actuación del tridente ofensivo del Barcelona le apartó del título. 

Primero pensé que no debía ser complicado mantener la inercia de trabajo que traía el equipo. Más aún habiendo mantenido a las estrellas que daban esa personalidad al juego del equipo: Pirlo, Pogba, Vidal y Tévez, más otros secundarios de lujo como Buffon (casi duele meterlo en este escalón dentro del equipo), Chiellini o Lichtsteiner sin olvidar incorporaciones que sumaron mucho a lo largo de la temporada como Morata o Evra.
Pero poco a poco Allegri demostró que sí, había mantenido como hubiera hecho cualquier entrenador la parte más integral del trabajo de Conte, pero de a poco había ido trabajando planes B (Pereyra, la defensa de cuatro) ante bajas o cambios de escenarios dentro del partido.



Pero todo esto, a escasa horas de su estreno en Serie A, se presenta como un buen recuerdo, casi lejano, ante los cambios profundos a los que se enfrentará el equipo durante esta campaña: salieron Pirlo, Tévez y Vidal, tres jugadores estructurales sin olvidar que Pogba ha visto continuamente como su nombre ha estado ligado a Inglaterra, España o Francia por cifras que haría menos dolorosa su salida. Bien es cierto que la Juve ha fichado bien, o cuanto menos, jugadores que por experiencia o rendimiento justifican su llegada al club bianconero: Dybala y Mandzukic para el ataque, Khedira para el medio y Alex Sandro para comenzar desde la defensa su habitual proyección hacia el ataque. 
Como contábamos jugadores contrastados (más otras contrataciones interesantes como la de Zaza) pero cuyo estilo dista mucho (sin ser ni mejor ni peor) del de los jugadores que se marcharon, por ello, tal vez uno de los debates más atractivos de este inicio de temporada sea el cómo va a gestionar la Juve este cambio de etapa, de si la final de Champions fue el fin de un ciclo o si esta reestructuración del equipo es un paso más hacia la consecución del título más importante del Viejo Continente.

Y nosotros aquí, con ganas de verlo.


   
Desde que volvió a la élite del fútbol argentino, la trayectoria de River ha sido una de las más interesantes del fútbol americano porque no sólo ha visto como el equipo vuelve a ganar títulos, sino que además lo ha hecho con un fútbol muy reconocible de la mano de Marcelo Gallardo, un entrenador con un increíble futuro por delante, volviendo a ver cómo es capaz de sacar jugadores de nivel y, lo más importante, manteniéndolos en el equipo hasta el punto de que aparezcan y maduren al mismo tiempo que el proyecto deportivo o, como en otras épocas, hasta que el sustituto está a punto de caramelo. 

Vale que el equipo se adorna con la vuelta de 'soldados de invierno' como Cavenaghi, Ponzio o Saviola y se completa con contrataciones de mercado interior como Barovero, Maidana o Bertolo, pero la fuerza del semillero vuelve a ganar fuerza y de entre ellos sobre sale un nombre: Matías Kranevitter, un 5 que aúna las virtudes clásicas del mediocentro posicional argentino pero que también se adapta a los roles más modernos por los que ha ido transcurriendo la posición en las últimas décadas. Su impacto en el equipo, justo en una época tan exitosa, le marca como uno de los jugadores con más mercado (junto a Funes Mori) del actual campeón de la Libertadores hasta el punto de que parece todo listo para que desembarque en breve en la Liga BBVA.



Lejos de otras perlas que han llegado al fútbol español en los últimos años, el desempeño de Kranevitter no le hace destacar en facetas ofensivas, de hecho, un partido de 'su' River necesita de una urgencia importante para que el 5 ronde zonas donde los pases se convierten en asistencias y en donde uno con el balón, cuando levante la cabeza, no ve la portería tan lejana como para intentar probar un disparo.
Lo de Kranevitter es más el control en la sala de máquinas. Encuentra siempre una ubicación perfecta para ser un primer pase fácil para los centrales y tiene la facilidad para dar continuidad a esa construcción eligiendo siempre un pase tan sencillo como acertado. No arriesga, pero tampoco falla.
Otra cosa es el desplazamiento en largo, donde realmente uno no sabe si es por el marcado juego en corto que caracteriza a los 5 en Argentina, exigencias de la construcción por parte de Gallardo o un apartado técnico a mejorar (tan sólo 22 años) pero no es hasta ahora una de los mejore recursos del centrocampista tucumano.

Si bien ha mostrado habilidad suficiente como para jugar 'solo' en la zona ancha, no se le ha visto incómodo jugando con un compañero a la misma altura (algo que ha ido mejorando en los últimos meses) siendo en estas ocasiones, algo que a mí me ha sorprendido algo, el que tiende a descolgarse algunos metros más hacia la portería rival. Pero rápidamente encaja: tiene un avispado sentido de la recuperación. 
Tiene mucho sentido que ante un jugador con capacidad para recuperar balones la idea de darle algunos metros más y que esas recuperaciones sean en campo rival tengan mucho más valor que hacerlas unos metros por delante de tu propia frontal. En esto Kranevittter es de lo mejor del fútbol sudamericano: anticipa, recupera e inicia con mucho criterio ante un equipo que normalmente está saliendo y le toca rectificar para correr hacia atrás. 
Este aspecto será, a día de hoy, el más vistoso del mediocentro de River por ser su aportación (y vaya aportación pensará Gallardo) al fútbol de ataque del actual campeón de la Libertadores.

Si sus condiciones no acaban de despertar interés en el aficionado europeo, queda por ver qué entrenador recogerá el testigo de Gallardo a la hora de continuar el trabajo de mejora de un centrocampista llamado a ser jerárquico en casi cualquier equipo al que vaya cuando salga de River. Lo más importante será observar si técnico y jugador deciden ampliar el abanico de recursos o si se centran en exagerar sus virtudes en busca de un especialista de élite. Mimbres hay para ambos proyectos.




 
No fue el partido entre el Aston Villa y el Manchester United uno de esos de los que enganchó al espectador por, digamos, lo básico, que fue los goles o cuánto menos, las ocasiones que los preceden. Sí tuvo cierto ritmo y dos direcciones de campo (Sherwood y Van Gaal) que trataron de modificar sus planes iniciales en busca de corregir puntos flacos o cambiar tendencias del juego. Una de los principales focos de atención fue la posición inicial y a lo largo del partido de uno de los fichajes más destacados del equipo rojo de Manchester: Memphis Depay.

Durante la pretemporada hemos observado como Van Gaal, que le conoce bien ya que le dirigió en el Mundial de 2014, lo alejaba de la banda donde comenzó, se asentó y se convirtió en estrella en Holanda para situarlo en una posición más centrada como complemento a Rooney. El inglés que llegó a jugar como mediocentro el curso pasado vio cumplido su deseo de volver a jugar como referente arriba. Nada de 10 o de segunda punta, sino como el primer hombre de área del equipo, sin que sea esa zona la que delimite su zona de acción durante los partidos.
Y esto dio que hablar si nos ceñimos al partido de anoche.



Lo primero es que Depay volvió a la banda y su participación en el juego fue regular y positiva en casi todas sus acciones: desbordó, se asoció con acierto y no se cansó de buscar 'su jugada'. La valoración general de su partido en la zona en la que se ha hecho como futbolista fue más que buena. Pero merece la pena escribir de todo lo que sacudió Van Gaal para sacar el mejor rendimiento a Depay.
Rooney como 9 dejó su habitual partido comprometido y de mucho kilometraje para ser siempre una opción de dar continuidad a la posesión, pero se perdió su visión para el último (o hasta penúltimo) pase y parecía, aunque se contradiga lo escrito más arriba, o se quedaba sin espacio para la acción de finalización o sin fuerzas para lllegar.

Otra sorpresa fue la inclusión en el once de Januzaj (mientras se hablaba de su salida como cedido) y como mediapunta. Hasta su (brillante) aparición para marcar el tanto definitivo, más bien pareció perdido en esa zona, tampoco el equipo quiso transitar por esa zona en demasía, más por fuera por las soluciones que daban el citado Depay y Mata, más abierto a la derecha, provocaron los mejores minutos en ataque del United.

Así, Van Gaal tiene aún trabajo en cuanto a organizar a todos sus atacantes, una vez más mostrando en Premier cosas diferentes a la que habíamos visto durante la pretemporada y con la duda en el aire sobre la llegada de Pedro, que acabaría de completar un ataque con muchas opciones y quizás con poco tiempo para encontrar la mejor opción y trabajar sus variantes.

 
No pinta ser aburrida la vida de Dani Alves. Y no lo escribo por su alegre y comentada actividad fuera de los campos de fútbol, más bien rompiendo una lanza por su impacto sobre el puesto en el que se desempeña y desde que ha condicionado primero el inicio del gran Sevilla de los últimos años y después del mejor Barça de la historia, y esperaos para ver si no el mejor equipo que hayamos visto (vamos a ir dejando que se vaya deshaciendo el equipo con el paso del tiempo para ubicar correctamente al equipo dentro del podio).

Recuerdo la primera vez que supe de él, viendo un reportaje de Transworld Sport en el cual le señalaban como uno de los más destacados de su quinta en Brasil en un torneo de inferiores. Algún tiempo después, conecté aquel vago recuerdo a la noticia de su incorporación al Sevilla. En unos pocos meses se convirtió en el jugador que armaba el juego desde atrás (más o menos) del equipo sevillano, un lateral al que la etiqueta de 'con proyección ofensiva' se le quedó corta muy pronto ya que condicionaba la forma en la que su equipo atacaba.
Un partido sirvió de primer punto de inflexión en su carrera. A nivel nacional los éxitos del Sevilla habían hecho del nombre de Alves común entre las estrellas del equipo y de la Liga pero aquella Supercopa ante el Barcelona en 2006 le colocó de llenó en el starsystem mundial.



Aquel día anuló a un Ronaldinho que unos meses antes parecía iba a renovar su Balón de Oro ganado con toda justicia sin descuidar su aportación al ataque aunque aquel día tuvo una importante ayuda por parte de Jesús Navas.
Algo menos de dos fantásticos años después el propio Barcelona pagaba cerca de 36 millones de euros por él como inicio de su regeneración deportiva y ahí es donde el brasileño dio un paso más en su carrera al mismo tiempo en el que el equipo catalán revertió una vez más una trayectoria autodestructiva hacia su época más gloria con Dani Alves como uno de los protagonistas y claves en el reverdecimiento del juego de posición.

Una de las claves tanto para su crecimiento individual como el del juego del equipo fue la evolución de esa aportación en el juego de ataque como jugador de salida a 'ocupante de espacios'. Una de las señas de identidad del Barça con Alves ha sido ver al equipo cargar el flanco izquierdo para rápidamente buscar la internada del brasileño.
Cuando este automatismo quedó marcado a fuego pudimos comenzar a ver su reinvención a 'interior defensivo': asentado en una parcela muy avanzada para exagerar la superioridad del equipo en el medio si hablamos de lo colectivo y aprovechar al máximo la facilidad con la que se asocia con Messi (un factor determinante en la explosión del argentino) y con Rakitic durante el último curso.



Bien es cierto que hubo una temporada, temporada y media en la que parecía desorientado en el campo, llegando tarde a su propia cobertura y siendo demasiado estático cuando pasaba a campo contrario. Pero por suerte para él y su equipo, volvió a encontrar unas directrices que reactivaron todo el sistema.
Después de una novela (como no podía ser de otra forma) intensa como lo ha sido su renovación, Dani Alves afronta su primer partido oficial de la temporada en un escenario familiar, una Supercopa entre Barcelona y Sevilla, pero habiendo ampliado su impacto en el juego, sus recursos para el equipo y desde un rol, que ya se comentó en la rueda de prensa previa al partido, como parte del equipo favorito y no, como en 2006, del que parecía haber cumplido de sobra llegando a ese partido.