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El partido entre la Real Sociedad y el Atlético de Madrid se presentaba como uno de los partidos más atractivos de la jornada en la Liga. El equipo dirigido por Eusebio se está mostrando sólido en sus partidos en Anoeta y el punto de forma del equipo les presentaba como un exigente rival ante este Atleti que tantos recursos y registros ha mostrado ya desde la llegada de Simeone.

No ha sido la mejor tarde los rojiblancos, que se vuelven a casa con una derrota por 2-0, pero la forma en la que ha encajado los goles me ha recordado las sensaciones encontradas que me genera Jan Oblak. El joven portero esloveno ha tenido una rápida e impactante asimilación de lo que significa jugar en un equipo tan exigente como el de Simeone. Sin drama alguno ha hecho olvidar la figura de Thibois Courtois y hasta aguantó el tirón del buen arranque de Moyá en su primer año.
Tal es su relevancia bajo palos que es imposible no tenerle presente los partidos más importantes del cuadro colchonero en les tiempo que lleva defendiendo su arco.

Sobrio, ágil, corpulento y con una reflejos de portero de élite se ha erigido como uno de los mejores porteros del Viejo Continente después de presentarse al mundo en un muy buen año en el Benfica que le valió su pase al Atlético de Madrid.
Pero siempre encuentro en los lanzamientos de penalty el apartado en el que necesita un trabajo más específico (ya hablaremos en otra entrada sobre el juego con los pies, algo clave en porteros modernos)
No quiero que esta entrada suene a oportunista después de encajar dos goles de penalty hoy en Anoeta, es un handicap importante en sus características como portero que, por su edad, tiene margen para mejorarlo pero que hasta que ese trabajo dé sus frutos, se nota como los delanteros que estudian a los porteros conocen la zona izquierda de Oblak como su lado débil en disparo desde los once metros.


Ayer los dos penalties con los que venció la Real fueron a ese lado, optando Oblak por lanzarse a su lado seguro, el natural siendo diestro. Pero viajando unos meses atrás, recordando la tanda de penalties de la pasada final de la Champions League, es fácil comprobar cómo los goles del Real Madrid en esa tanda llegaron por el flanco débil del meta rojiblanco. Justo en la ronda anterior, en Munich, Oblak mantiene vivo (y a la postre clasifica) al Atleti deteniendo un penalty a Muller... tirado hacia su derecha.
Comentaba sobre el trabajo sobre esa zona y ya en esta edición de la Champions podía intuirse mejora cuando paró un penalty a Guardado por el lado débil (tampoco es que el mexicano ajustara mucho). 
No vengo a decir que esa zona sea un acierto seguro para lanzadores, claro que Oblak ha parado penalties en esa zona, pero es innegable que sus estiradas hacia ese costado no son todo lo naturales que deberían.

Aún así, hay que reconocer que los lanzamientos desde los once metros son una de las suertes más complejas para los porteros, donde no sólo la técnica a la hora de lanzarse es fundamental, sino que aspectos psicológicos como (ya en la élite) el estudio de lanzadores rivales cobran un importante protagonismo en la preparación para este aspecto en los guardametas. 
Ochenta y cinco días es bastante tiempo en el fútbol moderno. Casi tres meses de competición da para asentar las bases de lo que busca un nuevo entrenador para su equipo y, dado lo vertiginoso de los calendarios en el fútbol europeo, jugar casi una veintena de partidos oficiales; suficiente como para probar, corregir y ajustar automatismos básicos que exploten las virtudes de lo que dispones.

Pero para esto se deben de dar una serie de circunstancias que Frank De Boer no ha encontrado en su etapa como entrenador del Inter de Milan. Con 46 años y una interesante carrera con su Ajax, se había convertido en uno de esos entrenadores a los que queríamos ver con un reto más importante que pelear la Eredivisie con un condenado hasta en sus peores días a ser candidato al título. Le hemos visto sacar a jóvenes talentos, voltear campeonatos que parecían perdidos y dar la cara en partidos relevantes en Champions League. Para mí, y con el apoyo de su experiencia como jugador en la élite, un preparador que necesitábamos ver en una de las grandes ligas del Viejo Continente y sumarse a su quinta que tan buenos resultados está dando al frente de equipos punteros en Europa.

Llegar al Inter podía interpretarse como ese paso lógico en su carrera, pero una vez visto el resultado, se confirmaba el temor del mal 'timming' que dirigentes y/o entrenador llevaron a cabo. 
Veo totalmente necesario dibujar el escenario en el que aparece De Boer, como alternativa a Roberto Mancini con quien se había planificado plantilla y pretemporada y que tras varios desencuentros con la dirección del club, es despedido a dos semanas de arrancar oficialmente el curso. 
Este ha sido el primer handicap (ojo, que ya conocía y aceptó el entrenador neerlandés al firmar) que marca considerablemente la etapa de De Boer como entrenador neroazzurro.
Tampoco el capricho del calendario de encontrarse a los rivales que dejaba la Juve tras el camino puede dejar de presentarse como un arma de doble filo, podía llegar desfondados después de un encuentro siempre exigente contra la Vechia Signora o aparecer realmente ansioso por recuperar puntos que se perdieron ante los actuales campeones.


Aún así, centrándonos en lo puramente futbolístico, no se puede negar que De Boer ha intentado cosas para sacar el máximo rendimiento de un buen equipo. Navegó entre el 4-2-3-1 como Plan A y el 4-3-3 como herramienta secundaria y con la que, personalmente creo, más se acercó a lo que quería de su Inter. La interesante incorporación de Joao Mario junto al golpe que supuso el fichaje de Candreva servían como buenos escuderos para la llegada de Ever Banega, llamado a llevar el timón integrista en su nuevo intento de asaltar plazas Champions. Icardi, Éder, Miranda, Kondogbia, Perisic, Brozovic... mucho mimbre para armar el cesto como bien se pudo ver en la buena victoria ante la Juventus a mediados de septiembre.

Pero De Boer ha pecado de cierta inocencia a la hora de sentar una de sus líneas maestras en cuanto a presentar un equipo muy expuesto atrás, algo poco habitual en Italia y que le ha provocado encajar bastante goles fruto de repliegues lentos ante contraataques o segundas jugadas ante las que el centro del campo no llegaba presto a la ayuda. 
Hablando en plata, estamos muy acostumbrados a decir aquello de que los centrales que juegan en Italia nos parecen más de lo que son por jugar 'más arropados' y con De Boer ha sido todo lo contrario, no siendo la pareja Miranda - Murillo una de las peores que puedas ver en la Serie A.

Un detalle que seguro que trajo de cabeza al ya ex entrenador del Inter ha sido encontrar la ubicación sobre el césped donde Banega sea más determinante. Como 10 en la línea de tres mediaspuntas dejaba carencias en la 'sala de máquinas' a la hora de elaborar una jugada y como interior en el 4-3-3 perdía su último pase.
Pero si algo ha condenado a De Boer ha sido la falta de acierto en ataque. Mauro Icardi, quien apartado de su vida fuera del terreno de juego es un jugador franquicia en la siempre exigente Serie A, va a empezar el mes de marzo con ocho goles y dos asistencias en once partidos, unos números escandalosos si por parte de sus compañeros en el ataque hubiera algo más, pero más allá son cuatro jugadores los que se reparten cinco goles. El saldo es que ni con los números de Icardi se salva el desastre si no hay una aportación más generosa de los que juegan detrás de él o más contundencia por parte de los que deben evitar los goles.

Stefano Vecchi, entrenador del Primavera, se hará cargo del equipo hasta que la dirección deportiva encuentre a un sustituto para el ex del Ajax con un primer partido bien exigente: visitar Southampton como último de grupo en la Europa League, una competición que quizá descuidó De Boer usándola a medias entre centro de pruebas y partidos para los menos habituales aprovechando no haber caído en un grupo excesivamente exigente y que, por ello, se ha convertido en una herencia envenenada para su(s) sustituto(s).
De momento el Inter va a sumar a su noveno técnico desde que en 2010 ganara el triplete con José Mourinho, y por lo que ya suena, llegarán a los diez para cuando acabe el presente curso.
Ni tan siquiera hemos llegado a la segunda quincena de agosto y ya hemos apuntado uno de los grandes bombazos de la temporada con la victoria del Alavés en el Camp Nou.
Este triunfo, fruto del orden, buen hacer y efectividad del equipo vasco sacó tajada de una serie de condicionantes que tuvo el Barcelona que, quizás tras un largo análisis pudiera liberarse de la etiqueta de 'excusas', por lo que es de agradecer que tras el 1-2 todas las declaraciones de los sorprendidos jugadores culés se acercasen más a la valoración positiva del trabajo del equipo de Pellegrino que en el escudarse en bajas, rotaciones y una mala vuelta a la dinámica de club tras la fecha FIFA.

No ha sido la primera vez que el equipo de Luis Enrique se ha encontrado a un rival que ha practicado este tipo de partido con un posicionamiento que invitaba al Barça a jugar con mucho espacio a sus espaldas con una actitud reactiva partiendo de las dos claves para plantarle cara a este equipo: líneas juntas y tapar la zona central del campo, zona donde los azulgranas deciden con la calidad de sus jugadores en modo ofensivo.



Pero si por algo me llamó la atención este partido fue por la figura de Deyverson (ayer la apuesta fue claramente por un único 9). Ya nos cansamos de comentar durante el curso pasado con sus partidos en el Levante que era un delantero que se ajustaba perfectamente a los equipos que cuenten con mantener la categoría como objetivo primario dentro de nuestra Liga. 
El brasileño, de corto recorrido en el fútbol de su país, terminó de formarse como jugador entre Portugal y Alemania por lo que seguramente haya acabado de moldear su perfil de punta con la mezcla de la técnica, que como en el valor en el ejército, se le presupone a un delantero brasileño, con la concienciación de bregar contra todos que suelen encontrarse los puntas que actúan como única referencia y que saben que les tocará más hacer kilometros para dejar un balón en condiciones para un compañero que recibir fácil en una situación propicia para decidir.

Su gol en el Camp Nou da alguna pista sobre esto que queremos comentar: un balón tensado a la zona de remate a la que Deyverson acude con la intención de tocarlo, desviarlo, de cualquier forma legal. Tiene condiciones para el remate virtuoso pero intuye que no llegará en ventaja si no hay escorzo. Y este fue su único remate durante los noventa minutos que disputó. El resto del partido fue, como muchas veces se ha comentado sobre los delanteros, el primer defensor de su equipo (100% de acierto en entradas a rivales -en campo rival- junto a tres despejes) y la boya a la que agarrarse cuando el Alavés necesitaba agarrar oxígeno (80% de duelos aéreos ganados -junto a una falta provocada en este apartado-) con la poca posesión de pelota que tuvo su equipo durante el partido.

No se puede negar que su estreno en la Liga dejó claros en forma de goles (9) y mucho trabajo de este corte que resultó insuficiente para salvar al Levante y oscuros con una actitud pícara y hasta provocativa que facilitaba su salida de los partidos (12 amarillas -casi todas sancionando actitudes más que juego brusco- y 2 rojas). Pero en este blog tenemos tendencia y reforzar el comportamiento positivo y, si nos quedamos con lo bueno de Deyverson, hablamos de un delantero más que útil para la Primera División. De momento, su gol y su desempeño, valió para poner la primera pica en la sorprendente victoria del Alavés (ojo, cinco puntos de nueve disputados habiendo visitado el Calderón y el Camp Nou) sobre un Barcelona que cayó en la trampa.
Es muy complicado posicionarse en el debate sobre la duración de un entrenador en un banquillo: periodos cortos en intensos para exprimir las cualidades de tus jugadores o etapas más largas para asentar un estilo de juego en donde las piezas puedan entrar y salir con facilidad sabiendo a qué vienen.
Un buen ejemplo es toda la discusión que ha rodeado en los últimos años a Vicente Del Bosque tras sus éxitos al frente de la selección española. Cerrar un ciclo exitoso es una de las tareas más complicadas en el fútbol de élite de hoy en día, nunca se sabe si hacerlo en el momento álgido es precipitado o si alargar los periodos después del primer revés a la espera de remontar el vuelo.

No valoraré la etapa de Del Bosque en esta entrada, pero sí me permitiré comentaros qué me gustaría que Julen Lopetegui consiga (no cuanto antes, pero sí en un periodo lo suficientemente corto para acabar de aprovechar lo que queda de una generación irrepetible).
El técnico salmantino debía llevar a cabo una revolución silenciosa entre el Mundial de Brasil de 2014 y la Eurocopa finalizada hace unas semanas para relevar con talento el talento que ya tenía y dar continuidad de la competitividad bajo un estilo en torneos cortos. Hizo hasta donde pudo. Ahora esa labor debe continuarla el ex portero que ya en su presentación advirtió, con mucha inteligencia, que no venía para llevar a cabo una revolución, sino una evolución de lo que se había estado trabajando con Del Bosque.



Si entendemos 'revolución' como un cambio de nombres en las convocatorias elevado, queda claro que ha cumplido con lo anunciado, pero tampoco debía explicar en profundidad cómo va a llevar a cabo en su primer día al cargo (y de paso nos deja tiempo y espacio para analizar un poco sus primeros movimientos).
¿Qué debemos esperar que haga en una primera parte de su periodo como seleccionador?

Lopetegui cuenta con una ventaja con respecto a otros aspirantes al cargo y es su etapa como seleccionador sub21, por lo que conoce de primera mano a todo el grupo de jóvenes que ahora señalamos para entrar en la selección absoluta de una forma permanente después de alguna breve etapa con Del Bosque. Jugadores como Isco, Thiago, Morata o Carvajal van a contar con cierta complicidad o crédito a poco que mantenga su nivel en el 'trabajo diario'. Esa confianza en los jugadores que vayan empujando debe servir para mantener pensionados a internacionales más veteranos.
No es muy esperanzador el anterior caso del técnico sub21 que se hizo cargo de la absoluta (Iñaki Sáez) pero tampoco heredó el trabajo que sí va a encontrarse Lopetegui.

El desarrollo de un plan B también debe ser algo a lo que el nuevo seleccionador dedique muchas horas de su trabajo. En la última década España ha desarrollado un juego reconocible al 100% tanto en las victorias como en las derrotas y cuando estas han llegado, la falta de alternativas en el juego cuando ha tocado cambiar la velocidad de sus posesiones o la forma en la que se llega al área, las variantes se han reducido a uno o dos jugadores de 'corte diferente' al de los habituales titulares (un extremo puro, un 9 de área). Un equipo completo es aquel que puede jugar de varias formas no ya solo en función del rival, sino también en función de los diferentes escenarios que se dan dentro de un partido.


A pesar de ser un sólo un par de puntos, el primer reto que tiene por delante, la fase de clasificación para el Mundial de Rusia en un par de años, junto a los amistosos que se vayan colocando por el camino es suficiente como hoja de ruta para logra, espero, estos objetivos. Lo que venga demás (meter en la dinámica a algún jugador que en estos momentos no esté entre el grupo que todos tenemos en mente o despejar la incógnita sobre el jugar con un 9) serán puntos a favor de su gestión.
Hasta que veamos en qué acaba todo esto, queda disfrutar del camino mediante los buenos jugadores con los que cuenta el nuevo seleccionador.
Haber cambiado a Blanc por Unai Emery junto a la salida de Zlatan Ibrahimovic no ha tenido, de momento, una repercusión sobre el dominio que ejerce el PSG en la Ligue 1: ha disputado un par de partidos que sacó adelante con solvencia y hasta con las lagunas de concentración de épocas anteriores que daban algo de vida a sus rivales.
Eso sí, el balance general del desempeño del equipo durante esos dos partidos ha sido más que bueno:  ha conseguido que sus dos laterales abran el campo en ataque y que 'la nube' que forman los dos mediocentros y los dos zagueros vayan ocupando las zonas por donde el rival trata de aprovechar los espacios de los laterales, equilibrando el retorno de estos.

Sus momentos de ataque son ciertamente finos. Rabiot ocupa el puesto de Verratti en la zona ancha y conecta a las mil maravillas con los tres mediapuntas con los que ha jugado Unai: Di María, Pastore y Lucas Moura. Los tres han empezado el curso en un gran momento de forma y marcan una clara diferencia en el torneo galo.
Además, se puede percibir ya lo que busca el técnico vasco de estos jugadores tan determinantes, mediante sus intercambios de posición y de altura (Pastore) a la hora de participar en los ataques estáticos. Y ha todo esto hay que añadir la llegada de los tres.


Pero tras estos primeros conceptos, llega el primer problema que tendrá que solucionar Unai Emery (y quizás la sombra alargada de Ibrahimovic) y es la efectividad a la hora de finalizar las jugadas.
En el primer partido optó por Ben Arfa como hombre más avanzado y realmente dio mucha continuidad a la circulación en tres cuartos de campo junto a crear momentos de confusión con el consecuente desajuste de marcas entre los centrales del Bastia pero a pesar de las llegadas de segunda línea, no se generaba con la suficiente continuidad para que el dominio del balón en campo contrario cristalizara en una cómoda renta (el partido acabó 0-1).
Este mismo sistema fue el que usó en la Supercopa contra el Olympique de Lyon. El equipo de Genesio contaba con más recursos para atacar al PSG y dio pie a que esa opción de 'falso 9' funcionara a la hora de generar ocasiones (el partido acabó 4-1). Las llegadas de Di María y Pastore más lo que se guisó Ben Arfa fueron más que suficiente como para haber registrado un resultado con más goles (para ambos equipos, todo sea dicho).

Buscando una alternativa el partido del domingo contra el Metz en casa dio paso a la variante de jugar con un 9 referente: Cavani. El punta uruguayo había jugado desplazado a una banda en el curso anterior, víctima del 'Ibrasistema' y reclamaba una oportunidad como punta de lanza. 
El partido de ayer presentó los mismo patrones que los anteriores y que hemos comentado al inicio con la variante de que Cavani tuvo oportunidades de sobra como para haberse ido a casa con varios goles y no con silbidos por parte de su público. El sistema y la línea de tres mediapuntas funcionó y sólo su ansiedad para buscar el espacio y el remate, frenaba el caudal ofensivo de los parisinos. 
La continuidad de este esquema deberá dictar si lo de ayer fue una mala noche o si el 4-2-3-1 no es el sistema con el que explotar sus cualidades como goleador en el equipo que busca Emery.


Queda la opción Jesé. El delantero canario ha llegado con vitola de estrella pero que sólo ha disputado poco menos de media hora en el primer partido liguero. Sus minutos le dejaron más cerca de lo que ofrecía Ben Arfa que a los registros de juego de Cavani, en cuanto a que su participación es más activa en las inmediaciones del área que dentro de ella, pero sí que tiene más recursos y más gol que el ex del Niza. Desde luego se presentó como un punto intermedio entre los dos perfiles y seguro que tendrá más peso a poco que se adapte al equipo.

Como en campañas anteriores, parece que tendrá opciones durante la Ligue 1 de acabar de encontrar el jugador (o jugadores si cambiare de dibujo) que se ajuste mejor a lo que busca Emery de este PSG a la hora de equilibrar la participación en el juego del equipo y la eficacia de cara a puerta, siempre y cuando no lleguen más jugadores. 
Y, quién sabe, si cuando tenga ese primer problema solucionado el siguiente sea mantener contentos a todos sus centrocampistas una vez recuperado Verratti y a la espera de la entrada en rutina de Krychowiak, uno de los fichajes de campanillas del equipo este verano.
No había tenido oportunidad de ver al Bayern de Munich bajo la dirección de Carlo Ancelotti así la Supercopa contra el BVB de Tuchel se presentó anoche como una inmejorable ocasión de tener la primera toma de contacto con el nuevo proyecto bávaro en busca de la conquista del Viejo Continente.
Un par de retoques en forma de fichajes para el primer equipo que, parecía que no pero, mejorarán los recursos del primer equipo pero sobretodo un cambio de libreto que se presenta como uno de los puntos de interés entre los principales equipos europeos.


Ganó el Bayern 0-2 con goles de Vidal y Müler en el segundo tiempo, periodo en el que sí que pudo plantear y elaborar con éxito un plan de juego que potenció las virtudes de sus atacantes y que encontró en un BVB necesitado del gol un rival perfecto para llevarlo a cabo.
Porque el equipo local apretó mucho al Bayern en su propio campo y le hacía realmente daño tan pronto recuperaba el balón. Ni tan siquiera buscó esperar al equipo de Ancelotti mientras acumulaba hombres arriba, confiando en que el equipo continuaría optando por la salida en corto como en la etapa anterior.

En ese apartado la figura de Manuel Neuer es crucial en el juego de los bávaros y lo fue, pero mucho más con las manos (!) siendo el futbolista más destacado del Bayern manteniéndolo vivo con buenas paradas durante los mejores momentos de ataque del Dortmund.

Pero más allá de hacer una crónica de lo visto ayer, es menester presentar alguna línea maestra de lo que quiere Ancelotti para su Bayern. Línea de cuatro atrás, Lahm y Alaba volviendo a ella y Hummels mejorando la salida del balón por ese sector y Javi Martínez en el puesto teórico de Boateng.
Alonso ejerciendo como pivote escudado por Vidal y Thiago  un llegador una lanzadera para los hombres de ataque. En esta zona el Bayern tiene muchas alternativas con la llegada de Renato Sanches o la reubicación de Martinez o Kimmich. Cuando no tuvo balón, Muller y Ribery flanquearon las bandas, esto alternaba el 4-3-3 teórico con un 4-1-4-1 o incluso 4-4-2 cuando no tuvo el balón.
Es en la zona de los extremos donde queda por ver en que estado se encuentran Ribery (algo gris ayer) y Robben por dar el relevo definitivo a Douglas Costa y a Coman, que formaron parte del equipo en el segundo tiempo cuando mejoró sus prestaciones ofensivas como equipo reactivo.
Y cerró el equipo Lewandowski, que ya se muestra como un 9 mucho más completo que cuando arribó a Munich, algo más allá del gol.


Pero sin lugar a dudas las estadísticas dejaron entrever, teniendo en cuenta al rival por supuesto, que este Bayern ha tomado otro rumbo, habiendo tenido menos posesión y habiendo tenido muchas menos ocasiones que el oponente. Está claro que ante rivales con menos recursos o menos agresivos en la presión a esas alturas podrán y deberán ser dominadores con balón y en campo contrario, pero queda claro que añade esa faceta a su repertorio de juego, algo que le penalizó mucho en las últimas semifinales de la Champions ante equipos contra los que no pudo ofrecer una contrarréplica a unos planteamientos que les cerró las vías de ataque.


Comentaba Pep Guardiola en los días previos al arranque del curso en Inglaterra que era tolerable que el equipo no jugase bien, pero no que se hiciese sin alma. Bien sabía que lo que pueda faltar por acoplar al equipo lo podía ganar con las ganas de un grupo de jugadores en agradar al nuevo entrenador y a los aficionados ansiosos de ver en competición a uno de los proyectos más ilusionantes en el concierto europeo.



Y la verdad es que en este estreno ante el Sunderland de David Moyes se ha notado lo bien que tenía calibrado el técnico catalán a su equipo en lo futbolístico y lo anímico.
Dejó durante algo más de veinte minutos los trazos maestros de lo que busca Guardiola, nada que no esperáramos todo sea dicho, como lo es la posesión de la pelota en campo contrario y la rápida recuperación del balón en cuanto lo pierde. El gol tempranero de Agüero de penalty y el control de la pelota casi abusivo sirvió al equipo para adormecer su tensión competitiva y permitir que con muy poco el Sumderland se mantuviera vivo en el partido hasta el punto de empatarlo a falta de veinte minutos.
Los cambios reorganizaron la forma de atacar del City y les permitió encontrar nuevas vías de ataque a pesar de que fuera con un autogol con lo que se llevaron los primeros puntos de la temporada a falta de pocos minutos para el final.
Un final tan agónico que no se correspondió a la diferencia de propuestas de ambos equipos. Detallamos que nos enseñó Guardiola en su estreno en la Premier.

El primer punto que debemos destacar fue la elección de Caballero para ser el portero titular. La habilidad de Hart, hasta ahora titular con los citizen, no debe ser tomado como un voto de confianza hacia el argentino sino una plena desconfianza en la habilidad con los pies del internacional inglés.
Un jugador desubicado como Kolarov de central junto al debutante Stones las notas más destacables en el once. A partir de ahí, es escribir de ubicaciones y primeros automatimos. Sobre el papel el City debía disponerse sobre el terreno de juego con un 4-1-4-1 pero desde el minuto uno pudimos detectar un dibujo para nada rígido y que poco tenía que ver con la teoría (como nos pasa siempre con Guardiola).
Sagna y Clichy partían como laterales pero cuando el City tenía el balón, es decir, casi todo el tiempo, actuaban como interiores. Fernandinho alternaba entre estos laterales-interiores y los centrales para crear los triángulos habituales en el juego de posición. Una disposición que creaba una primera línea de pases fluida y que, este debe ser el motivo principal, le resguardaba de estar demasiado expuesto a las contras en caso de pérdidas.
Por delante cuatro jugadores de movilidad y buen trato de balón como De Bruyne y Silva por dentro con Nolito y Sterling abriendo el campo, aunque con clara tendencia a centrarse mucho más y juntarse con Agüero.

captura de Rodrigo Zacheo @r_zacheo

Con este dibujo y la tenencia del balón le bastó al City para controlar un partido que fue de más a menos por la poca oposición del Sunderland que le bastante con mantenerse vivo viendo el principal problema que tenían los locales: a penas creaban ocasiones de gol. 
Tras el empate Guardiola, intervencionista como es, optó por una obertura real del campo con la entrada de Navas y la reubicación de Sterling en la izquierda. El de Los Palacios percutió y buscó linea de fondo (provocó el definitivo 2-1 con un centro) y Sterling en la izquierda conducía más rompiendo la sucesión de pases que parecía tener controlada el equipo de Moyes y desbordó a Love con facilidad.
Este cambio creó un nuevo escenario ante el cual el Sunderland no supo reconstruirse a tiempo.

Tal y como insinuó Guardiola en la previa, queda mucho por trabajar aún en el City para que se llegue a ver lo que tiene en mente su nuevo entrenador, pero sí que ha dejado entrever que sabe al ritmo al que se juega en Inglaterra y que ha trabajado para no ser un equipo que se exponga demasiado tras la pérdida. En este aspecto el trabajo de hoy es de notable, pero donde necesita mejorar es en el ritmo de circulación y en generar situaciones donde explote la profundidad de sus hombres de banda y su excelente ataque al espacio. Hoy quizás no era el día ni el rival para encontrar esto. Seguiremos atentos.

Hay algo que no me acaba de gustar del calendario sudamericano, eso de sufrir un parón cuando casi finaliza la Libertadores por torneos de selecciones en verano y normalmente sufrir los mordiscos de equipos europeos en el mercado estival del Viejo Continente me parece un motivo que desvirtúa el torneo de una forma determinante. O no siempre.

Atlético Nacional se ha hecho con la Libertadores por segunda vez en su historia después de batir en la final a doble partido a la revelación del torneo, Independiente del Valle. Y lo ha hecho sabiendo que no podrá contar con dos de los jugadores de mayor contribución con el que ha sido campeón desplegando el mejor juego del Cono Sur. Marlos Moreno y Davinson Sánchez viajarán a Europa en unos días; Ibarbo no llegó ha las rondas finales y queda por ver qué jugadores han despertado el interés de equipos con potencial económico suficiente como para ofrecerles progresar su carrera lejos del proyecto que podría acabar tomando forma en Nacional.


Siempre cuesta rearmar a un equipo en un escenario así, hasta cuando algún equipo europeo fuera de la jet-set logra juntar a una buena camada de jugadores. Pero Nacional parece haber dado en el clavo con Miguel Borja. 
Su impacto en el equipo ha sido súbito: cinco goles en cuatro partidos para rematar a Sao Paolo en semifinales y otro en la vuelta de la final han ayudado de forma casi tangible a que su nuevo equipo rubrique una temporada de ensueño.
En poco más de un mes ha parecido asentar todas las virtudes que le han llevado a 'vivir' muy rápido (sólo 23 años y ya un paso por Europa) una carrera profesional más que prometedora.

De momento, en sólo cuatro partidos ya ha entrado en la historia de Atlético Nacional y quién sabe si a su alrededor Reinaldo Rueda es capaz de dar continuidad al estilo que desde 2014 muestra con los verdiblancos.
Porque si Borja ha caído de pie, el veterano entrenador que apartó los banquillos de selecciones (donde ya dio buena muestra de su hoja de ruta) para hacerse cargo del histórico del futbol cafetero con un resultado a corto plazo inmejorable de la mano de un juego más que atractivo para el gran público.
Dos piezas ilusionantes para el futuro a medio plazo y que serán un gran atractivo para el próximo Mundial de Clubes.

La contratación de André Gomes por el Barcelona ha sido uno de los fichajes más llamativos de lo que llevamos de verano. No por que el ex del Valencia no tenga condiciones suficientes como para poder tener minutos de calidad en la exigencia máxima que presenta siempre el cuadro culé pero sí porque, a priori, la línea del centro del campo parecía la más cubierta para afrontar con garantías la temporada y, sobre todo, porque parecía que podían haber otros equipos capaces de mejorar la oferta con la que el equipo catalán se ha hecho con el internacional portugués.



Esta incorporación debe suponer un cambio de roles casi definitivos para dos jugadores, Aleix Vidal y Sergi Roberto, hacia el lateral derecho. Lo de Aleix ya parecía definitivo tras la salida de Dani Alves, pero la opción de 'perder' a Roberto para la zona de medios sí que parece una apuesta clara hacia un cambio de guión en favor de un fútbol más cómodo para Luis Enrique. Se dio el primer paso con otra contratación sorprendente como la de Arda Turan y se apuntala con la llegada de André Gomes: proponer un fútbol más vertiginoso en conducción y pase directo.

Tanto el turco como el luso tienen condiciones técnicas sobradas para asimilar y ejecutar el juego de posición que tantos éxitos ha traído a los azulgrana en los últimos tiempos, pero sí han brillado por algo es por ser 'lanzaderas' en sistemas de juego de mucha menos elaboración. Ambos tienen en el control del balón y en la conducción sus principales virtudes, algo que de un tiempo a esta parte sólo Andrés Iniesta presentaba en el once como toque diferencial al 'posesión + progresión'.
¿Busca Luis Enrique tener perfiles similares al de su mejor centrocampista para que no sea primordial que lo juegue todo? ¿O acaso dirige al Barcelona hacia la confirmación de un juego con menos pases  y donde el balón llega más rápido al área rival?

Esta segunda opción expondría menos al equipo y generaría más espacios donde su tridente de ataque sería más letal si cabe (aunque para qué tocar lo que ha funcionado tan bien hasta ahora, podríamos pensar también).
Lo que está claro es que los diferentes perfiles con los que cuenta ahora el equipo permiten redibujar escenarios cuando los partidos se compliquen o presentar nuevas líneas de juego en el caso de tener que lidiar con bajas o rivales que han demostrado no ser tan débiles ante el juego de posición del Barça.
Y otro detalle que se está teniendo muy en cuenta es el del rejuvenecer al equipo. Ninguna de las cuatro incorporaciones que ha hecho el equipo supera los 23 años. Cierto es que tampoco ninguno viene con posibilidades reales de ser titulares desde el primer día, por lo que la línea que sigue la dirección deportiva es la de ampliar la plantilla con jugadores jóvenes que puedan adaptarse a un modelo de juego concreto sin perder la opción de presentar nuevos registros.

Ahora queda por ver cuántos minutos de calidad encuentra André Gomes (y Arda Turan si continua) para poder ir descifrando las respuestas a las preguntas que plantea su llegada en cuanto al impacto en el juego del equipo culé.

Se nos va la Eurocopa de Francia con la final que disputarán en unas horas la anfitriona y Portugal. Ha sido una Eurocopa divertida, en donde la ampliación de equipos participantes en la fase final lejos de 'igualar por bajo' los partidos ha servido para reforzar la idea de que así, realmente, se tornan más competitivas selecciones con menos recursos y tradición. Un éxito que acompaña algo similar visto en la Champions después de algunas de las reformas llevadas a cabo bajo el mandato de Platini en la UEFA (lo siento, tenía que contar esto en la previa).

Es de recibo decir también que ha sido una Eurocopa un tanto extraña en cuanto al rendimiento de jugadores de los que esperábamos mucho más, que nos han dejado muestras de lo que esperábamos de ellos más allá de momentos puntuales. Pogba, Müller, Busquets... tenía grandes expectativas con sus rendimientos en un torneo 'de transición' por diferentes motivos en sus equipos nacionales. Sin embargo, como pasa siempre, nuevos nombres se erigen como grandes triunfadores en la competición como el húngaro Nagy, el polaco Glik, el islandés Bjarnasson o el irlandés Hendrick.



Fiel a la tradición de otros grandes torneo en este blog, he querido armar mi once del torneo antes de que se dispute la final, para evitar que el ganador final condicione lo que he visto del torneo (entiendo que se pueda ver como una condicionante injusto, pero ya sabéis que esto está lejos de ser un mejor once absoluto y sí uno basado en mis preferencias tal y como veo el fútbol). Vamos allá.

Manuel Neuer (Alemania)
El mejor portero del mundo en la actualidad ha mantenido su nivel en la Eurocopa con 'buenas manos' en partidos poco exigentes en cuanto a volumen de trabajo y con su importante aportación en la construcción del fútbol de ataque de su equipo desde atrás.

Joshua Kimmich (Alemania)
El 'hombre para todo' de Löw ha actuado como teórico lateral derecho en buena parte de la Euro. No da la profundidad que sí da un lateral puro (un problema para el equipo en este torneo por su flanco) pero ha sido correcto en defensa y una gran solución para crear superioridades en posesión de balón.

Leo Bonucci (Italia)
Realmente cualquiera de los tres centrales de Italia podría figurar en este puesto, ya que han hecho un torneo de altísimo nivel, pero creo que Bonucci ha sido el que ha tenido un impacto en el juego y hasta con gol.

Pepe (Portugal)
Ha entendido a la perfección las alturas a las que debía defender el equipo ante rivales que en teoría les iban a complicar los partidos y ha estado perfecto en anticipación y juego aéreo. Concentrado es un central de élite.

Raphael Guerreiro (Portugal)
Una de las sorpresas del torneo. Lateral profundo, de esos que casi aporta más atacando que defendiendo (y eso que esto último no lo ha hecho nada mal). Capacidad para desbordar y correcto técnicamente. Un descubrimiento.

Toni Kroos (Alemania)
Altísimos porcentajes de pases acertados dentro de altísimos porcentajes de posesión de su equipo. Clave esta efectividad dentro del estilo de juego del equipo. Y todo esto tanto como primer centrocampista como descolgándose al compás de la posición del balón. Magistral.

Joe Allen (Gales)
Sin ser un prodigio técnico y muy bien escudado por Ramsey, ha dado sentido a las posesiones de Gales tratando de simplificar y dar velocidad cuando veía la oportunidad y el espacio. Un gran secundario en los mejores momentos de su equipo.

Renato Sanches (Portugal)
Estaba llamado a ser uno de los mejores jugadores jóvenes del torneo y ha cumplido. Entrando desde el banquillo hasta asentarse como clave en el medio ha sido un despliegue de 'morder' en el medio y de acudir como segunda línea con mucho criterio y peligro.

Antoine Griezmann (Francia)
Ha ido de menos, a más y 'mucho más' en el torneo. Como goleador y como solución a los atascos del equipo atacando. Finísimo de forma y con un amplio repertorio técnico para finalizar se debería llevar el premio al mejor jugador del torneo.

Gareth Bale (Gales)
Había una sospecha de que su nivel condicionaría las posibilidades de Gales de hacer algo en esta Eurocopa y llegar a semifinales bien confirma esa sospecha. Pero ya no cómo goleador como sucedió en la clasificación, también como canalizador del juego de ataque y sin problema para bajar a dar continuidad a posesiones y ayudar a defender.

Dimitri Payet (Francia)
Desborde, visión, gol. Ha aprovechado la ausencia de Benzema para encontrar su espacio y a partir de ahí ha sido decisivo cuando el equipo peor estuvo. Por dentro, arrancando desde la izquierda y conectando a la perfección con todo el que aparecía por su zona de influencia.