Rumbo a Sudáfrica: Mundial de 1994

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Discutida elección de Estados Unidos como anfitrión de la decimoquinta fase final de una Copa del Mundo ya que su escasa tradición futbolera hacía que hubiera dudas en cómo la sociedad norteamericana acogería el torneo. Pero las cifras de asistencia, los resultados económicos y la cantidad de grandes partidos que se vieron, hicieron de este Mundial uno de los más recordados. También el estreno de premiar con tres puntos la victoria para premiar a los equipos más ofensivas y, a modo anécdota, el incluir el nombre junto al dorsal fijo en las camisetas, fueron muestra de los detalles que la FIFA y los organizadores para ser el 'primer' Mundial hipercomercializado de la historia.

En el capítulo de debutantes, Arabia Saudita, Grecia y Nigeria fueron las 'novatas'. Junto a Rusia bajo esta nueva denominación tras el desmembramiento de la URSS. De los saudíes, se recordará para siempre el gol de Owairan ante Bélgica que le dio la victoria y los puntos para pasar a octavos en el grupo F. Una gran Suecia frenó su carrera.

Grecia tuvo una tristísima participación: tres derrotas, cero goles a favor y diez en contra. Pero se llevó el honor de ser el último equipo en llevarse un gol de Maradona en un Mundial.
Pero Nigeria fue la que mayor impacto causó. Primero por juntar a una fantástica generación de futbolistas y después por recoger el testigo de Camerún como principal potencia africana. Destrozó a Bulgaria, puso las cosas difíciles a Argentina y finiquitó a Grecia. Sólo la veteranía de Italia la apartó del camino mundialista.
Bajo su nuevo nombre, Rusia no tuvo una gran participación, si bien dejó la mejor actuación individual de la historia del torneo desde la tarde de Butragueño en Querétaro cuando Oleg Salenko despachó con cinco de los seis goles a Camerún... Lástima que ninguna de las dos pasara de grupo A.

Dos selecciones me enamoraron en ese torneo. Suecia y Bulgaria, tercera y cuarta de manera sorprendente en este Mundial fueron fieles a su estilo y vivieron las últimas grandes generaciones de su fútbol. Los suecos liderados por un gran Brolin, escudado por Martin Dhalin, con un veterano Ravelli bajo palos y los jóvenes Bjorklund, Andersson, Larsson o Mild desplegaron un juego dinámico y sobre todo, sin ninguna presión. Realmente fue muy agradable ver a un equipo tan liberado en el campo.
Bulgaria fue una reunión anarquica de grandísimos talentos: siguiendo a un grandísimo Hristo Stoichkov, los Balakov, Kostadinov, Lechtkov o Ivanov no dieron ninguna lección táctica, ni tan siquiera motraron superioridad insultante en su juego, pero el ser tan imprevisibles y poder voltear un partido gracias a latigazos de genios, les llevaron a firmar su mejor participación en un Mundial.





La participación de España fue tan amarga como en tantas otras ocasiones. Una ilusión difícil de medir fue la que acompañó a los de Javier Clemente hacia Estados Unidos. Superaron bien el grupo C con un sorprendente empate ante Corea de Sur (2-2), otro ante Alemania con el inolvidable gol de Goikoetxea (1-1) y una clara victoria ante Boliva (3-1).
En octavos pasaron por encima de una débil Suiza por 3-0 para encontrarse con Italia en cuartos. Un partido que caló muy hondo en el corazón de la hinchada por el codazo de Tassoti a Luis Enrique, el fallo de Julio Salinas y el gol de Baggio en la jugada siguiente.
Fue un gran torneo a nivel de individualidades para los españoles: Hierro, Guardiola, Guerrero pero sobre todo José Luis Pérez Caminero, volvieron a España como auténticas figuras, si no lo eran ya, del panorama futbolístico.

Brasil e Italia fueron las dos selecciones que se jugaron el título en la final de Los Ángeles. Ambas tuvieron una trayectoria muy similar, desplegando un juego que fue de menos a más y viviendo de sus individualidades superlativas encarnadas en Romario y Roberto Baggio.
Los sudamericanos pasaron sin despeinarse en la liguilla ante Camerún, Rusia y Suecia, firmaron el cruce comercial de los octavos jugando un 4 de julio ante Estados Unidos, nos regalaron unos cuartos maravillosos ante Holanda y ganaron con lo justo a Suecia para llegar a la final.
Italia sufrió algo más en su grupo, pasando tras México y dejando a Irlanda y a Noruega atrás, a partir de ahí, pasó las eliminatorias por la mínima y ciñéndose a los clichés que siempre han ido ligandos a la Squadra Azzurra, cargándose a Nigeria, España y Bulgaria.

La final no será recordada por su juego, pero sí por ser la primera en decidirse por una tanda de penalties.

El apartado triste de este Mundial lo protagonizó Colombia. Firmando una maravillosa fase de clasificación en la CONMEBOL, fue señalada como una posible revelación en este torneo. Pero nada más alejado de la realidad. Encuadrada en el grupo A junto a Rumanía, Estados Unidos y Suiza, no fue el más potente que se pudo ver en el Mundial. Su derrota ante la sorprendente Rumanía liderada por un Hagi en la recta final de su carrera y la siguiente ante Estados Unidos hicieron estéril el triunfo ante los suizos ya clasificados.
Pero la selección cafetera nos dejó el cuerpo raro cuando conocimos que el defensa Escobar, que se marcó el autogol que dejó fuera a Colombia, fue asesinado en la vuelta a casa.

Pero para no incidir en cosas tristes, volvemos a destacar a los nombres propios. Romario y Bebeto con Raí, Mazinho y Branco por lo campeones, Roberto Baggio, Maldini, un joven Albertini junto a uno que se despidió como Baresi por los subcampeones, Brolin, Dhalin (Suecia), Stoichkov y Letchkov (Bulgaria), Matthaus (Alemania), Caminero (España), Yekini (Nigeria), Hagi y Raducioiu (Rumanía) o Batistuta (Argentina) dejaron grandes momentos en un torneo que recuerdo como el más abierto en cuanto a nombres propios.

El máximo goleador fue compartido por Salenko y Stoichkov con seis tantos cada uno, seguidos de Romario, Baggio y Klinsman con cinco.
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