El legado que recogimos en Luzhniki

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A poco de que Francia y Croacia se vean las caras en la final del Mundial, es menester hacer un breve respaso en todo lo que nos dejó la fase final disputada en Rusia. Ya de por sí era un torneo que por la cantidad de novedades que iba a introducir había generado un interés algo más palpable que en otras ediciones y la cantidad de sorpresas que ha ido dejando durante su desarrollo marcará a los más jóvenes aficionados como, en mi caso, hizo el Mundial de 1994.

Uno de los fenómenos que más me ha llamado la atención en el fútbol es como los Mundiales, como si de una pasarela de moda se tratara, marque líneas de juego o sistemas que se ven en grandes ligas durante las temporadas posteriores. Desde hace algo más de diez años hemos vivido una etapa en la que la posesión (en ocasiones mal entendida) y la tendencia a desarrollar el juego en el campo del rival de una forma activa y permanente. Los últimos campeones, España y Alemania, han ejectuado esta idea con acierto y guiados por dos generaciones magnificas de jugadores. Los dos fueron eliminados antes de lo esperado y los dos equipos que jugarán por sucederles en el puesto resumen las grandes directrices que ha dejado el torneo.


Ya desde la previa vimos a Francia como un equipo de transiciones, reactivo y con pegada. Deschamps fue poco a poco dándole una vuelta de tuerca al sistema que vimos en la Eurocopa de 2016 y apostó definitivamente por un centro del campo que fuera el camino más rápido para presentar a sus atacantes situaciones favorables para decidir.
Croacia tuvo un camino diferente en cuanto que Dalic asumió el cargo para el último partido de la fase de clasificación y ha optado por dar ligeros retoques al trabajo heredado. Fases de presión alta, juego por fuera, un centro del campo generoso sin balón y clarividente con él y su pizca de balón parado.

Esto último ha sido uno de los puntos más destacados del certámen. Acciones a balón parado que han provocado goles y que han decidido partidos. En un fútbol cada vez más analítico y menos improvisado (no confundir esto último con 'talento' que rompe de manera inesperada la tendencia del juego) equipos con menos recursos han igualado fuerzas con sus contendientes mediante estas jugadas. El dogma de 'dame un buen lanzador y buen rematador' queda no anticuado pero si incompleto después de lo visto en Rusia. Movimientos de distracción, de arrastre, bloqueos, el balón suelto tras un primer remate. No son nuevos conceptos pero han ganado peso en la ejecución de estas acciones.

Junto al balón parado la línea maestra que hemos visto en el Mundial ha sido como el repliegue, bloque bajo y contraataque se ha impuesto al juego que busca dominar con balón. Si la estrategia ha recortado distancias entre equipos con más recursos y otros con menos, las defensas adaptadas a equipos que amasan mucho la pelota han supuesto un problema más grave de lo esperado, que sí, pero ante el que tampoco se han encontrado soluciones creativas. Argentina ante Islandia (1-1), España encarándose a Irán (1-0), Alemania contra Suecia (2-1) han sido grandes ejemplos de esta tendencia llegando a plantear los dos primeros un 6-3-1 que anuló las principales vías de ataque de los rivales. No podemos negar que también hemos visto equipos que desde un planteamiento de espera ante rivales teóricamente más potentes han desarrollado un juego más vertiginoso como México cuando se enfrentó a Alemania o Japón ganando a Colombia (aunque estos últimos se encontraron con una ventaja temprana y superioridad númerica).

 

En medio de este nuevo escenario no sorprende que los jugadores más destacados en Rusia hayan sido jugadores veloces, de desborde y que brillan con espacios: Mbappe y Hazard. Ambos llegaban con muchas miradas puestas y han respondido disipando las dudas de quienes las tuvieran. No hay mejor antídoto ante líneas juntas que regate que elimine rivales y cree superioridades en zonas que desarman el orden defensivo o conducciones relámpago ante equipos que se expongan un poco más. Bélgica ha dejado varios contraataques de manual que le han valido un histórico tercer puesto y dentro del juego eficiente pero poco vistoso de Francia, los mejores momentos del equipo galo, contra Argentina, vinieron dados por una situación en la que los de Sampaoli buscaron goles desordenándose en demasía. Tal ha sido el punto en el que esto ha marcado la tendencia en el Mundial que selecciones que han dejado una muy buena impresión como Perú, Egipto o Marruecos fueron eliminados en la fase de grupos dejando momentos en todos los partidos en los que no fueron inferiores a sus rivales.

Ahora sólo nos queda conocer al campeón... y ver el impacto de lo visto a nivel táctico en Rusia en los equipos que van a pelear los títulos a lo largo y ancho del globo en las próximas temporadas. 


Bonus tracks:

 - Mundial de porteros: Courtois, Pickford, Subasic, Lloris, Schmeichel, Ochoa... han dejado actuaciones brillantes manteniendo a sus equipos vivos en momentos críticos
 - VAR: después del esperpento del pasado Mundial de Clubes el sistema de videoarbitraje se ha mostrado mucho más pulido y, sobre todo, no ha roto la dinámica de los partidos.

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