Rumbo a Sudáfrica: Mundial de 1938

por | 21:52:00
Cuatro años después de la celebración del Mundial en Italia fue Francia la elegida para ser sede de una nueva edición de la Copa del Mundo, un torneo que con el paso de los años ganaba relevancia en muchos más ámbitos que el estricamente futbolero.
Buena prueba de ello fue que, contradiciendo las preferencias de la FIFA, se celebró de manera consecutiva en Europa (se quería alternar entre Europa y Sudamérica) por las presiones de Jules Rimet en detrimento de Argentina, que quiso albergarlo en ese año.

Este hecho produjo que los equipos sudaméricanos no estuvieran dentro de las 69 selecciones que solicitaron participar. Sólo Brasil, que aspiraba a organizarlo en 1942, tomó parte en este torneo.
Además se produjo el debut de cuatro nuevas selecciones en la fase final: Cuba y las Indias Neerlandesas (hoy conocidas como Indonesia), Noruega y Polonia.
Después de todo esto fueron 16 las selecciones que participaron en esta edición, entre las que no se encontraba España, en plena Guerra Civil.

Por segunda y última vez en toda la historia de las Copas del Mundo, no hubo liguillas en la fase final y el torneo comenzó directamente en los octavos de final.
De esta ronda quiero destacar dos partidos, bueno, uno y 1/2. Primero la sorprendente victoria (con partido de desempate) de Cuba sobre la buena selección de Rumanía y la clasificación directa de Suecia después de acabar cruzada con Austria, que fue eliminada por ser 'conquistada' por Alemania.
De hecho, estas dos selecciones se vieron las caras en cuartos e imperó la lógica: 8-0 para los suecos.

Cabe destacar que a partir de los cuartos de final, se enfrentaron las mejores selecciones que podía haber en ese momento: Francia-Italia, Brasil-Checoslovaquia, Hungría-Suiza y el ya comentado cruce de Suecia. Quitando a los helvético, le crême de le crême del fútbol Mundial (quizás se echó en falta a Uruguay, Argentina o incluso a España) se midió en esos calurosos días de junio
Bajo mi humilde opinión, poco espacio hubo ya para la sorpresa desde esta ronda: los equipos con mejores selecciones jugaron mejor y se impusieron a sus rivales, eso sí, de manera ajustada.

A la final llegaron Italia y Hungría. Los primeros como campeones de la edición anterior, con un equipo reforzado con nuevos 'oriundos' y con una misión clara de 'il Duce' Mussolini: 'vencer o morir' (¿literalmente?). Los segundos, muy alejados de lo que son hoy en día, dueños de una escuela de fútbol ofensivo y de gran despliegue físico que alcanzaría su punto álgido unos mundiales más tarde.






Al final, la final se la llevaron los italianos, convirtiéndose en los primeros bicampeones y de manera consecutiva en la historia del torneo, título además, que conservarían hasta 1950, ya que debido a la Segunda Guerra Mundial no se disputaron más torneos hasta entonces.

En cuanto a nombres propios, el máximo goleador del certamen fue el brasileño Leónidas con ocho tantos en tres partidos. Dueño de una imaginación y agilidad inusual para ejecutar regates o remates a gol, podría decirse que también fue el mejor jugador, pero hubiera sido injusto para con Meazza (una vez más), Piola, ambos de Italia y el húngaro Zsengeller, un genial artiellero (6 goles en cuatro partidos) al que se le mojó la pólvora justo en la final.
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