Toco y me voy: El Clausura se contagió de Gripe V

por | 10:52:00
Para los que no hayan seguido las entradas de los lunes en los que hemos ido dando buena cuenta de cómo ha estado este torneo Clausura, os pondré rápidamente en situación: el líder, Huracán, visitaba la cancha del segundo clasificado, Vélez, con un sólo punto de diferencia entre ambos conjuntos.

Por un lado estaba el Globo de Cappa, un equipo que ha encandilado a todos los aficionados por su juego preciosista y que, a su vez, ha enganchado buenísimos resultados que le han permitido soñar hasta el final con repetir un campeonato que no se celebraba desde el lejano 1973.
En el otro rincón el Fortín de Gareca, que si no ha practicado un fútbol tan vistoso como su rival, si que ha recordado al mejor Vélez de no hace tanto tiempo y que contaba con su hinchada para voltear la clasificación.

El partido, para el que no lo pudiera ver, tuvo de todo lo que se requiere para una clásica final: una gran puesta en escena, respeto por el rival, tensión... hasta que a poco de cumplirse los veinte minutos el extremo granizo hizo que se supendiera el partido durante algo menos de media hora. Después de ese receso, Vélez impuso el patrón de juego. El centro del campo liderado por un omnipresente Cubero no dejaba hilbanar al de Bolatti, costaba que Huracán hiciera su juego.
Mucho centrocampismo y dos sensaciones distintas cuando alguno de los dos contendientes enganchaban alguna contra. Vélez era muy directo, perpendicular y sin distracciones de cara a la portería, Huracán podía mascar algo más la jugada (como es habitual) pero la defensa del Fortín estaba muy concentrada.

Así, llegamos al punto de inflexión de la primera mitad: penalty a favor de Vélez que ejecuta el uruguayo López (que tantos puntos había rescatado con sus goles) pero una fantástica estirada de Monzón más que la sacaran bajo palos en el córner posterior evito que se decantara la balanza. El partido se relajó hasta el descanso (histórica será la imagen del tablón marcando 26 minutos de descuento debido al parón por el granizo).

En la segunda mitad el juego siguió por los mismos derroteros pero se intensificó el juego duro. Haber visto sólo este partido de ambos equipos en este torneo haría alucinar, porque ninguno de los dos, sobre todo Huracán, justificó todo lo bueno que se había hablado y escrito de ambos conjuntos.

Cuando el partido encaraba su recta final, Morález, gran fichaje de Vélez, se encontró un rechace dentro del área, un balón suelto con el portero batido al que golpeo con el alma para cruzarla a media altura al palo largo para subir el único tanto al marcador y dejar el título en Liniers. A partir de ahí, desquicio total, tanganas, enfrentamiento de Cappa con un sector de la hinchada (que seguramente le había increpado previamente) y el paso de los minutos más largos para los locales. Hasta nueve minutos descontó el juez como descuento.
Pero ya estaba todo hecho. El Globo no supo meter mano a un equipo rocoso que supo plantear el partido no como una última fecha, sino como una final, que al fin y al cabo es lo que era y el partido finalizó con un raquítico 1-0, con poco fútbol, mucha carga emocional y de tensión y todo un barrio de Buenos Aires enloquecido.

Es justo felicitar tanto a Vélez, por su regularidad y su buen hacer, como a Huracán, que de haber sido campeón, hubiera sido en justicia y dando de comer a la doctrina menottista que tanto gusta a un gran sector de la afición y crítica en Argentina.




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