Cerrojos y fantasistas

por | 22:34:00
Está a punto de finalizar el partido decisivo de "el grupo de la muerte" entre Francia e Italia, los dos finalistas del último Mundial, donde debido al haberse encontrado con una impresionante Holanda, ha hecho que sea vital para ambos combinados para pasar a cuartos (donde les espera España) y no abandonar un torneo en el que, como siempre, su nombre aparece en el abanico de favoritos.

Parece que salvo milagro, los chicos de Roberto Donadoni van a estar presentes en los cuartos de final y siguen la trayectoria ascendente en la Euro: una derrota, un empate y ahora una victoria ante un Francia que pedía a gritos un cambio de ciclo y donde Benzema se erige como nuevo "gallo" en ese corral.

Hablar de Italia siempre evoca los mismo pensamientos, catenaccio, patadas, defensa a ultranza, contraataques y la tan manida "suerte del campeón". Pero quiero escribir una entrada para romper una lanza en favor de la figura histórica de los dieci azurri.
El equipo de la península itálica siempre ha contado con jugadores de un altísimo nivel técnico en su media punta que han sido claves a la hora de llenar las vitrinas de la Federazione y que iluminaban los partidos con sus detalles de clase en medio de los barullos. La corona de una flor llena de espinas.

Desde que hay archivos encontramos jugadores como el eléctrico Giusseppe Meazza, que era usado por Mussolini para personar las virtudes de su régimen en el deporte. Un fantástico mediapunta que tanto como con el Inter como con la Nazionale dejó un montón de movimientos tan inteligentes como efectistas aderezados con una buena cantidad de goles.

Años más tarde el Torino que desapareció en Superga, que formaba más de media selección italiana contaba entre sus internacionales con el grandísimo Valentino Mazzola que si bien gracias a su clase y a su carisma dirigía al mejor equipo del mundo en su época, con la squadra azurri a penas superó las diez internacionalidades.

Hijo de Valentino pero rechazado por el Toro, Sandro Mazzola siguió los pasos de su padre en el Inter, donde también formó parte de un gran equipo neroazurro (con el que prácticamente lo ganó todo) y de una Italia que volvía hacerse un nombre en el panorma mundial (una Euro en el 68) hasta que se cruzó con la fántastica Brasil en la final de México 70.
Pese a no ser tan onmipresente como su padre, heredó su buen trato de la pelota.

Durante los sesenta toda Italia tenía el corazón dividido en dos, en dos partes que seguían con devoción los pasos de otros dos fueras de serie al que ningún seleccionador era capaz de juntar en el once de la selección. Luigi "Gigi" Riva era un habilidoso interior izquierda terriblemente técnico y que está considerado (como a todos los nombres de esta entrada) uno de los mejores jugadores de la historia de Italia.
Su némesis era el milanista Gianni Rivera, un mediocentro de muchísimo toque y visión de juego que, a diferencia de Riva, sí consiguió ganar un Balón de Oro y que junto a Mazzola y a Riva, logró la única Eurocopa de los azurri.

Durante los años ochenta, la posición de mediapunta o mediocentro técnico y genial tuvo una pequeña crisis, pese a que Italia ganó un Mundial en 1982. Eran tiempos extraños en un Calcio en el que las apuestas y los amaños habían dañado mucho la imagen del futbolista italiano de cara al exterior, pero jugadores como Bruno Conti, Marco Tardelli o Antonio Cabrini eran indispensables en el medio campo italiano a pesar de alejarse del perfil del jugador del que estoy escribiendo hoy.

Pero en los últimos años, está floreciendo de nuevo la figura del fantasista dorsal diez que rompe el orden con la genialidad y la patada con el regate. Con la aparación de Roberto Baggio, posiblemente el mejor jugador italiano de los últimos veinte años, las escuelas del país en forma de bota se vuelven locas buscando ese perfil de enganche técnico y con gol que sea capaz de decidir un partido.
A Il Codino le escudaron Gianfranco Zola (aunque su marcha a Inglaterra le cerró durante un tiempo las puertas de la selección), Alessandro Del Piero (al que le han dado minutos en esta Eurocopa) Francesco Totti (cuyo espíritu alegre le invita a inventar continuamente) y un par de escalones por debajo, Antonio Cassano (a quien su temperamento le ha alejado de ser un jugador mucho más relevante, pese a cumplir los requisitos).

¿Se acaba la figura de dieci en la selección italiana? Espero que no, de momento contamos con dos romanistas que están llamados a continuar la verdadera tradición del fútbol transalpino en los torneos venideros.
Daniele De Rossi puede que no tenga el mismo nivel técnico que sus predecesores, pero su inteligencia táctica y su fondo físico le permiten lujos en todos los partidos... y ya es campeón del mundo.
Y Aquilani sí cumple los mandamientos del mediapunta italiano: técnico, ofensivo y de juego festivo pero todavía no se ha hecho un fijo en la squadra azzurra.

Así que espero que después de estos apuntes de grandes medios en el fútbol italiano, cuando oigais a alguien asociar a Italia con el catenaccio, esboceis una sonrisa por todos esos jugadores italianos que no quisieron ser centrales duros.
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