Octavos de Champions, jornada primera, vuelta.

por | 20:12:00
La jornada pasada pudimos ver como cobraban protagonismo dos individuos sobre el resto del firmamento futbolístico: el meta polaco del Arsenal Fabianski y el árbitro noruego Henning Ovebro. Planteábamos acertadamente que se iban a vivir remontadas y nos cuestionábamos si los fallos de los dos elementos anteriormente citados iban a tener trascendencia. Pues ha resultado que a medias.

Por un lado, nadie se acordará de Fabianski hoy. El Arsenal dio la vuelta a un resultado adverso por varias razones. La primera, la incomparecencia del espíritu del Oporto. Mencioné en posts anteriores que el portugués es un equipo sufrido y que tiene capacidad de lucha. Ayer me dejó mal. No peleó lo que nos tiene acostumbrados (cierto es que la eliminatoria se le puso cuesta arriba en seguida) y mostró una ambición nula. La segunda razón por la que el Arsenal dio la vuelta al resultado de la ida fue sencilla: ganas. Ganas en un equipo joven, con centrocampistas ofensivos de una calidad fuera de duda (partidazo de Nasri y Arshavin como falsos extremos) y un delantero centro que hace lo que tiene que hacer: estar en el sitio propicio. Bendtner no es Van Basten pero aprovecha bien sus recursos, que ayer le valieron un hat-trick. Y el tercer motivo fue uno que no había visto hasta el momento en el equipo de Wenger: hambre. Parecía que desde aquella final perdida contra el Barça, en la que una maravillosa generación comandada por Henry no obtuvo su justo premio (porque, aclarémoslo, otra gran generación se lo arrebataba con justicia), el equipo de los obreros de Londres no tenía ambición. Se intuía un equipo blando. Cierto es que el Oporto de ayer no fue precisamente el Brasil del 70, pero la victoria del Arsenal fue meritoria por la ambición mostrada. Dice Wenger que sería bueno un equipo inglés en cuartos. Veremos. De momento, no nos acordamos de Fabianski ni de Cesc y eso es buena señal.

Pero del árbitro noruego Henning Ovebro (espero estar escribiéndolo bien) sí que se acuerdan en Florencia. En condiciones normales, los dos partidazos de los viola en octavos le hubiera bastado a los del Artemio Franchi para doblegar al Bayern. Pero la justicia made in Champions demostró necesitar una visita urgente a su óptica de confianza. Si el equipo italiano hubiera pasado a cuartos, Jovetic tendría el doble de novias, media Premier se pegaría por "Il Bello" Gilardino, Montolivo tendría billete preferente para Sudáfrica y Prandelli sería un nuevo mesías. Pero en estas aparecieron la zurda de Robben, la flor de Van Gaal y, por qué no repetirlo, la mano negra de un árbitro noruego que bien haría en acompañar a la diosa justicia al oftalmólogo. Sin que el partido de Undiano Mallenco fuese ni bueno, mejoró mucho al arbitraje de la ida. Me fastidia hablar de árbitros después de una jornada Champions porque son un colectivo que busca desde el individuo hacer el trabajo lo mejor posible (Mallenco es el mejor árbitro de Primera a mi modo de ver). Pero a nivel estamental, me muestra un inmovilismo más propio de las altas castas feudales que del nivel evolutivo del siglo XXI. No me creo que en baloncesto haya un comité de expertos en una mesa analizando en vídeo las jugadas conflictivas y que en aquí no se pueda contratar a ese equipo de profesionales cuando en un campo de fútbol hay séis veces mas cámaras de vídeo que en el Basket. Pero bueno, a lo que vamos, el partido de la Fiore no fue malo, demostrando ser uno de esos equipos que a mí me gustan: honesto, luchador, ofensivo y solidario, al estilo del Sevilla (equipo al que desearía ver levantar la Champions como aficionado neutral pero que adora las gestas). Plantó un 4-2-3-1 con Jovetic muy libre y Vargas haciendo daño a Lahm, un defensa con disparo y velocidad pero con muchas lagunas defensivas y poco cuerpo, valga el gol de Torres en la final del Europeo como ejemplo. Gilardino (que recibe el balón en el primer gol de Jovetic en fuera de juego) tuvo soltura asociándose, y el serbio mostró por qué en un par de años va a machacar redes en un grande europeo.

Ribery demostró estar como una moto (ya puede estarlo después de tirarse media temporada en el gimnasio y en el fisio y la otra media diciendo que la semana que viene dice a donde va) y Robben empieza a amortizar el dinero que costó, aunque sigo sosteniendo que sus rodillas le restan potencial a él y a su equipo, que sobrevive gracias a sus fogonazos en la mitad de ocasiones.

Cuidado con el Bayern, parece que va a morir matando.
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