Toco y me voy: El canario que fue gallego y que acabo xeneize

por | 23:14:00
Hoy me he encontrado una de esas historias que me gustan, una de esas concatenaciones de hechos que parecen imposibles y que sólo el fútbol puede hacer realidad. La historia de un español, canario de Santa Brígida que se convirtió en el primer jugador español en jugar en Boca Juniors.


Pedro Suárez nació en los primeros años del Siglo XX, último de siete hermanos y siendo un niño cruzó el oceáno junto a ellos, Sebastián y Candelaria (sus padres) para buscar fortuna en la entonces tierra de las oportunidades, el continente americano y como tantos gallegos, sus padres hicieron lo propio y se instalaron en Buenos Aires, donde el pequeño Pedro creció en las barriadas jugando a fútbol con sus amigos. Cuentan incluso, que ya más mayor, sus padres rehicieron el camino para que "Arico" como ya le habían bautizado en Argentina, conociera su tierra natal, pero que al llegar al archipiélago canario renegó de él: "mi patria es donde está mi barrio y aquí no está".


El barrio de Boedo había convertido en porteño a "Arico" y sólo figuraba como español en el pasaporte... porque ni su juego se asemejaba a lo que por aquel entonces se germinaba en España.


Como jugador se inició en el histórico Ferrocarril Oeste cuando alcanzó la mayoría de edad y con los veinte recién cumplidos inició la etapa dorada de su vida deportiva, fichó por Boca Juniors donde jugaría durante catorce años y conseguiría cinco ligas y el formar parte de la selección argentina que subcampeonó en Uruguay en 1930.
Y es que "Arico" era un jugador de banda total, lo mismo anulaba al atacante que asistía al delantero, sin adornos pero también sin fallos. Y tantos años al servicio de "su patria" le sirvieron para entrar de lleno con letras de oro en la historia del grande del fútbol argentino, acabando su carrera con treinta y cuatro años como capitán y siendo el extranjero que más partidos disputó con los Xeneizes.


No sólo por su entrega en los partidos, sino por su carisma, su personalidad, humilde y que mezclaba la dulzura canaria con el gracejo bonaerense, algo que conquistó el corazón de su hinchada y de sus rivales a quienes trató siempre con un campechano respeto difícil de ver hoy en día. 
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