Cosas de la Segunda División

por | 20:51:00
Este año he decidido volver a abonarme al Levante. Durante muchos años conseguía pases de temporada en el colegio e instituto y le he cogido cariño al club decano de la ciudad de Valencia.
Es muy bonito ver el fútbol en el campo, totalmente desconectado de la comodidad de verlo en casa y sobre todo de ver setecientas repeticiones de las jugadas polémicas desde varios ángulos para entender las decisiones arbitrales.
Pero sobre todo se aprende a sufrir y a medio preveer lo que puede ocurrir.
Esta tarde por ejemplo, recibía la visita del Nàstic de Tarragona, no hace mucho equipo de Primera con todo lo que eso conlleva y ha sido una muestra más de lo maravilloso que es el fútbol.
El Levante ha comenzado horrorosamente mal, una vez más, pero se ha encontrado con dos goles en poco más de un minuto que han desconectado al Nàstic hasta el arranque de la segunda mitad, donde con la expulsión de un defensa granota y la continuidad del mal juego los catalanes han logrado empatar el partido en los últimos minutos.
Pero se veía venir, y así lo hemos comentado varios de los poco más de cuatro mil espectadores que allí nos encontrábamos. El fútbol es un juego ilógico y en la Segunda División más todavía, el portero que hace dos semanas te salvó dos puntos parando dos penalties hoy te ha costado dos puntos al fallar en el gol del empate (y aprovechó para decir, que pese a esto, Manolo Reina, el portero del Levante, tiene un futuro enorme).
Y por eso he elegido hablar del Levante está tarde noche, para contar otra gran anécdota de lo que hace al fútbol un juego tan apasionante y adictivo, su capacidad de predecir lo imposible.
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