La crisis fomenta nuevas formas de fichar

por | 16:22:00

El fútbol europeo, por su poder para congregar a los mejores jugadores casi de manera automática, se convirtió desde hace mucho tiempo en el que marcaba el ritmo en muchos aspectos que se relacionan con él. El deportivo, el social y, por supuesto, el económico.
En la segunda mitad de los noventa, este último se ha tornado casi tan importante como la cantidad de copas que pueda levantar un equipo.

Y más allá del marketing deportivo y las ganacias por abonos y entradas, el mercadeo de fichas profesionales es lo que cambia las realidades económicas de, ya no sólo de ese equipo de medio que salva su año contable con la venta de su estrella a un equipo con más aspiraciones, sino de esos titanes que ceden en el juego de los agentes (otros que merecen una entrada a parte) y ven como sus jugadores más mediáticos cambian de camiseta.

Pero el fútbol, que se benefició de esa situación de ‘bonanza’ (donde lees ‘bonanza’ puedes leer ‘burbuja’) cae también, quizás un par de años más tarde, cuando el panorama cayó por su propio peso. Sólo quienes han tenido patrimonio que avala han sobrevivido a esta etapa en la que todos los protagonistas han cambiado su manera de ver mundo de los fichajes.

Y todo estas ideas me nacen por los recientes fichajes de Pienaar por el TottenhamEmmanuelson y Van Bommel por el MilanJonás por el Valencia o Afellay por el Barcelona. Todos tienen dos cosas: un coste para el comprador bastante bajo para la calidad del jugador contratado y que todos ellos acababan contrato el próximo verano.

afellayNo hace mucho, estos fichajes se hubieran producido el 1 de julio. Los compradores planificaban la próxima temporada ‘asegurando’ ese fichaje a coste cero.¿Cero? NO. Lo que un equipo se ahorraba en coste de fichaje lo gastaba en una ficha algo más alta de lo que ‘sería lógico’ (entrecomillo porque se paga conforme manda el mercado y la habilidad en la negociación por ambas partes) y con una buena ‘prima de fichaje’ para el jugador y/o representante.
Aún así, el equipo siempre lograba ahorrar bastante siguiendo este patrón.
El club, vendedor no, sino el que se queda sin jugador, lo que más podía sacar era alguna prima por derechos de formación, que normalmente era una cantidad que no podía consolar la pérdida de algún joven talento. Y sabedor de que se llega a esta situación por dos motivos: o por haber estado muy lento en la negociación de la renovación o por no poder competir por lo que ese jugador cobraría en su nuevo club.
Y el binomio formado por el jugador y el representante también ‘sacan tajada’. Las comentadas primas por fichaje más un nuevo contrato largo, para asegurar una gran amortización, en un equipo que le paga siempre algo más y que, normalmente, le aporta retos deportivos mayores (curioso que este hecho sea el último en el listado).

Ahora todo esto cambia. El juego, el tablero, la manera que tienen los jugadores en tirar los dados es diferente. Vemos como los que era los primeros fichajes del verano empiezan a ser los últimos del mercado de invierno y vamos a repasar los posibles motivos para este cambio de tendencia.

Lo primero es que el club que, ahora sí, vende se sabe ‘perdedor’. Sabe que no va a conseguir renovar a ese jugador que es ‘apetecible’ para equipos de mayor poderío por motivos deportivos y económicos obvios. Debe vender si quiere sacar algo y tampoco ‘subirse a la parra’ al poner precio a una ficha que en seis meses tiene un valor cero. Es remarcable que parece que el hecho de no poder mejorar la oferta económica es el primer factor a tener en cuenta.
Después, el comprador. Tiene que valorar el practicar un pequeño desembolso por conseguir esa ficha seis meses antes. ‘Hacer números’ tanto contables como deportivos. No sólo saber si el ahorrarse primas de fichaje y una ficha algo más alta merece la pena, sino si es necesario reforzar una posición antes de hora. Si ese jugador va a tener muchos minutos para comenzar a ser amortizado dentro de esa temporada/año contable.
Por último el jugador, sea el que quizás valore casi tanto la oferta económica como deportiva. No sólo es marcharse en busca de una ficha más alta, sino también que el reto deportivo durante la duración de su contrato vaya acorde con su crecimiento o con el mantenimiento de su status deportivo. Esta situación permite que el ‘perder’ los bonus a la hora de negociar como ‘jugador libre’ sea un mal menor por una mejor oferta deportiva (que en el fondo es lo que debería primar a la hora de cambiar de aires).

Claro que todo esto no son más que una reflexiones paridas a partir de los movimientos que os comentaba más arriba. No es una ‘nueva norma’, seguiran existiendo jugadores que cambien de equipo tras finalizar un contrato, ya sea por no querer renovar o por no ser renovados (ojo, el verbo cambia la presentación). Jugadores que optan por ser ellos quienes deciden cómo discurre su carrera, cierran ciclos deportivos en un equipo y buscan una nueva motivación.
O, si es el club el que no renueva, da por considerar que el jugador no es necesario a nivel deportivo y que poco rendimiento económico podría dar una renovación, aunque fuera a la baja.

Anexo de interés

Los intermediarios (por Esteve Calzada)
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