Las prisas nunca fueron buenas

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Quizá esta entrada esté escrita desde la mayor ignorancia. Quizá esté escrito desde el punto de vista de las sensaciones y nunca de los hechos, pero como en cualquier tema, el fútbol funciona casi siempre con las sensaciones. Hoy voy a hablar de entrenadores y de fútbol inglés, usando poco la historia y usando un poco los hechos.

Últimamente oigo hablar mucho de los banquillos de la Premier. Alex Ferguson está mayor, y aunque se mantiene en pie de guerra, ya está buscando sucesor. Hoy salía en prensa el nombre de Pep Guardiola. El Chelsea parece haber encontrado estabilidad y Arsenal la mantiene desde hace tiempo. En Liverpool, Rafa Benítez empieza a estar cuestionado. Pero los grandes del fútbol inglés no son de lo que quiero hablar.

La leyenda del fútbol inglés nace desde una especie de cuento que se explica a los niños: en Inglaterra es muy difícil que echen al entrenador. Los entrenadores de la Premier aguantan muchos años en los banquillos. Y en efecto, en muchas ocasiones es así. Pero en los últimos años tengo la sensación de que algo está cambiando.

Quizá sea la llegada de los petrodólares, o quizá sea el marketing y el dinero lo que ha hecho cambiar la tradición. Chelsea no ha tenido un entrenador estable desde la llegada de Abramovich. Sólo con Mourinho se acercó, pero con la inestabilidad que provoca un provocador. Pero el ejemplo más claro es el del City. Un equipo simpático que con la llegada de los jeques se ha convertido en el nuevo rico del fútbol inglés. Con una de las mejores plantillas en cuanto a cantidad y en algunas posiciones, en cuanto a calidad, tenía un entrenador con muy poco prestigio y desde luego con poca experiencia. Uno de esos entrenadores que a mi me gusta llamar de "perfil bajo".
Los entrenadores de perfil bajo son aquellos que no son las estrellas, son esos que no tienen nombre y sí mucho trabajo. Son los Benítez cuando estaba en Valencia o el David Moyes del Everton. Esos entrenadores que no quieren protagonismo, que son perfectos para equipos plagados de estrellas.

El City se encontraba el año pasado con una lluvia de millones y este verano han acabado de perfilar una plantilla magnífica. No sólo Tévez y Adebayor, sino Joleon Lescott, Kolo Touré o Micah Richards. Una plantilla muy completa que no ha acabado de funcionar y lo que me extraña es que los jeques no se cargaran a Hughes desde el primer día para entregarle su proyecto a un entrenador consagrado que pudiera hacer un equipo para años. Ahora, a mitad de temporada les da por iniciar de cero el proyecto técnico. Roberto Mancini se encuentra ahora con fichajes millonarios que ha de utilizar por narices y de los que no van a poder deshacerse. A ver quién paga ahora los más de 40 millones que les costó Robinho...

En resumen, la entrada del dinero en la Premier ha hecho también que les entren las prisas a los dirigentes. Las clásicas directivas que mantenían a un entrenador si el proyecto era de su agrado empiezan a escasear y lo que hacía que los banquillos de la Premier fueran tan atractivos empieza a desaparecer. Menos mal que siempre quedan tradiciones a imitar: Boxing Day, Reserve League o la Copa Inglesa son los grandes bastiones de la Premier y algo a imitar por otras ligas. La Premier está imitando en lo malo a los españoles e italianos, falta que Calcio y Liga sepan imitar lo bueno.
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