Las lágrimas de la pornstar

por | 10:40:00
Quizás fuera su primera escena. Aunque por sus siliconados atributos no parecía ser la primera vez que lo hacía frente a una cámara. De hecho, era toda una experta, aunque quizás fueran condiciones innatas. Hizo todo el ritual preciso, ejecutó la clásica coreografía lujuriosa delante de la cámara y se dispuso a dar placer directo (al cuerpo que tenía delante) e indirecto (a los que estábamos detrás de las cámaras).

Cuando se lleva a cabo algo que contiene una carga estética tan alta como su precisión, uno nunca puede adivinar el interior de quien lo ejecuta. Por eso era fácil pensar que aquella profesional de las luces, las cámaras, el maquillaje, el lubricante y los guiones áridos del sexo para terceros disfrutaba con su papel. Era lo más lógico imaginarse que aquella falsa rubia recauchutada disfrutaba tanto por el aporte económico como por el clitoriano.

Pero, de repente, algo pasó: su gesto se torció al tiempo que sus labios dibujaron un llanto mudo. Y una lágrima apareció en su rostro. Y luego otra. Y otra. Su compañero de escena pareció dudar durante un segundo, pero siguió cadereando seguramente instigado por el director de la escena. Y la estrella del porno siguió llorando hasta el final de la escena, en la que ni tan siquiera hizo un esfuerzo por simular el más comercial de los orgasmos. Algo, que no saldrá jamás de su cabeza, había torcido la escena. Pero ella había continuado, evidentemente motivada por su profesionalidad. No había disfrutado, pero le quedaba el consuelo de saber que había cumplido.

Cristiano Ronaldo conjuga plasticidad, capacidad de ejecución y de precisión y da placer al mejor postor. Y esta vez tenía que entregarse al público de su país. Y el gesto se torció. Y después de cumplir forzando la jugada del gol de Simao, se tuvo que retirar. No, no se lesionó en el partido, venía de antes, como las lágrimas de la felatriz. Pero tuvo que cumplir con su cometido, pese al malestar de su equipo, que es quien le paga. Como paga el director a la actriz de mechas rubias y pechos inflados, a la que probablemente regañó por llorar en una escena que movió bastante dinero. Pero tanto el director deportivo del Real Madrid como aquel cineasta que soñaba con hollywood y trabajaba con lubricantes, sabe que aun teniendo razón no hubieran podido hacer nada para frenar lo que ocurrió. Es lo que pasa cuando uno sabe que tiene que hacer algo pese a saber que no es el día para hacerlo.

JM Martín
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